Tepatitlán en el Tiempo

Don José Peña Romero

Por Juan Flores García


Don José Peña Romero fue un hombre íntegro, cabal, amigo del pueblo, hombre de a caballo sin ser charro, de profesión cartero, pero cartero que repartía la correspondencia recorriendo el pueblo a caballo. Todavía me parece escuchar en la quietud de aquel apacible Tepa, el sonar de los cascos de aquel caballo, amigo inseparable de don José, por nuestras calles de empedrado firme y uniforme, con andar lento y sin prisa que iba y venía en su trajín de llevar a nuestra casa la buena nueva o la triste noticia. Alguien aún recuerda que la mala siempre se manifestaba por el ribete del sobre que tenía una línea negra. Cuando don José entregaba una de éstas, con gran ingenio y con palabras amorosas, era el primero que daba el "pésame".
Lo recuerdo siempre erguido cuán grande era, sobre su caballo y subirlo hasta la banqueta y con su silbato anunciar su llegada. Saludaba amablemente a la persona y decía: "Albricias, te traigo carta", minutos de charla y proseguía su camino. Una peculiaridad suya era que siempre andaba comiendo, en la bolsa de su saco traía carnitas y otras golosinas. A los chamacos nos daba colaciones con chile, gozaba ver cómo "nos picaba". A nosotros nos gustaba encontrarlo y hasta seguirlo algunas cuadras.
Cuando le daba su real gana, se sentaba en una banca de la plaza, siempre con su valija al lado, si pasaba alguien le hablaba y le decía: "Fulano o Mangana, ya que vas llévale esta carta a Zutano", (como quien dice, aprovechando el viaje). Así se repartía correspondencia por tantos años, como yo recuerdo en nuestro querido Tepa, a través de un hombre que hizo historia. Vivió con su familia por la calle Pedro Medina a espaldas del desaparecido "Cine Alteño". Particularmente yo lo estimaba mucho, pues fue un gran amigo de mi padre. Su esposa, una gran señora, Doña María Luisa Barba Barba, fue protectora de mi familia.
Recuerdo además que don José hacía cartas para novios, poetizaba en ellas el embrujo floreciente de los enamorados tórtolos. ¡Cuántos matrimonios debieron realizarse a través de esas misivas!
Con el enorme crecimiento de nuestra ciudad, se perdió aquel placer de tener un cartero a caballo, pues los sufridos carteros de nuestra ciudad, poco ganan y más trabajan.
Y con esto decimos que así fue Tepa en el tiempo.

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1 Comentarios

  1. Hola, un placer haberte leido...

    Sería maravilloso mantener intactos los recuerdos como una huella imborrable del tiempo....

    Mi nombre es Nuvia y me encanto lo que escribiste...
    Abusando un poco de tu confianza, me gustaria si pudieras decirme algo sobre la rancheria de Juana casco de ese municipio y el nombre de su escuela primaria.. realizo una investigacion y me sería de mucha ayuda.... De ante mano Gracias....
    ncuquis@hotmail.com

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