Cinco madres

Por Flavia Bustamante

Durante 31 años, el 10 de mayo había sido para mí un día más en el almanaque. Pero a partir de ahora será una fecha para recordar a mi mamá, además de hacerlo el tercer domingo de octubre que es cuando se lo festeja en Argentina.

Ya no vivimos juntas, nos separan nada más y nada menos que diez mil kilómetros. Pero nos une todo lo demás.

No hizo falta que no estuviera con ella para empezar a extrañarla, tan sólo al saber que en cuestión de meses vendría a vivir a México intenté disfrutarla por todo el tiempo que no podríamos hacerlo.

A veces evitaba salir de mi casa para no alejarme de ella, a lo mejor creyó que estaba aburrida o que ya no me gustaba salir como antes, pero no fue así.

Me hizo todas esas comidas ricas con el sabor inigualable que una madre le pone cuando cocina para su familia; incluso, aunque no tuviera hambre merendábamos a las cinco en punto sólo por el hecho de acompañarla mientras veíamos juntas la novela, y cuando yo no podía verla ella prendía la tele y la veía por mí para contármela al volver.

Cuando menos tiempo faltaba ya para que llegara el día de mi partida, cambiaron muchas cosas en mí. Empecé a ver a mi mamá de otra forma, ahora era la mujer más linda del mundo, trataba de aprender lo más que podía de ella y los enojos que antes tuvimos se volvieron tonterías. En realidad siempre lo fueron.

Nada supera ese toque especial que ella le da a todo lo que hace. Es lindo volar del nido como quien dice, pero muy duro cuando con mi mamá, mi papá y mi hermana, además de tener un vínculo de sangre tenemos una amistad muy linda. Afortunadamente no esperé a estar lejos para empezar a valorarlos.

Mis papás, a su vez, recién ahí pudieron comprender lo que mis dos abuelas sufrieron cuando ellos se fueron lejos de sus hogares en busca de un mejor futuro, como mucha gente que vive en pueblos debe hacer. Se marcharon cuando eran muy jóvenes y me permito decir que por su juventud e inexperiencia y por el ímpetu que uno tiene a esa edad no supieron darse verdadera cuenta por lo que sus mamás pasaron en aquel entonces.

Así es la vida, los hijos deben formar sus propias familias, el problema a veces es cuando lo hacen tan lejos.

Pero las distancias no sólo te quitan, también te dan y hoy cuento con la mamá de mi esposo; ella como madre pudo imaginarse lo que sería tener un hijo tan lejos y se brindó completamente a mí; le preocupa si estoy bien o no, está dispuesta para lo que necesite y es muy cariñosa. Sé que puedo contar con ella para lo que sea y por eso la quiero mucho.

Lamentablemente para mi suegra, hace apenas unos días una de sus hijas voló del nido como yo. Sentí mucho que se fuera, aunque no sea tan lejos. Me dolió muchísimo esa noche verla subirse al camión por dos motivos: uno porque veía a mi suegra llorar y me recordó a mi mamá cuando se despidió de mí, y el otro porque como mi cuñada también es madre y tuvo que dejar a su hijita acá en lo que terminan las clases de la primaria.

Las vueltas de la vida nos ponen a pruebas constantemente. Cinco madres: Felisa y Ada (mis abuelas), Estela (mi mamá), Rosa María (mi suegra) y Georgina (mi cuñada) por distintos motivos se separaron de sus hijos.

Mi abuela Ada murió hace treinta años cuando en el pueblo no había ni teléfonos y cuando las cartas tardaban un mes en llegar (si es que llegaban). Pero hoy gracias a la tecnología puedo comunicarme con Felisa, mi otra “nona” (abuela), que vive en el mismo pueblo aquel donde Ada esperaba un mes por una carta.

Mi nona tiene casi 80 años y maneja su celular mejor que yo; la internet permitió que mi familia pudiera verme a través de una camarita y sentir menos esta distancia tan odiosa. Sin embargo cuando despierto por las mañanas y sé que soñé con ellos es cuando siento que de alguna forma vuelvo a mi casa, todo se vuelve muy real en esos momentos.

Mami: gracias infinitas por todo lo que me diste, por darme siempre la libertad que pedí, pude hacer todo lo que quise pero nunca me olvidaba de tus consejos. Hoy deseo más que nunca volver a tenerte a mi lado y merendar juntas como lo hacíamos.

No soy tan fuerte como pensaba; era fuerte porque contaba con vos para todo. Te amo.

Publicar un comentario

0 Comentarios