Por Juan Flores García
Las monedas de oro que tanto abundaron y circularon en el mercado y que nomás los ricos tenían, ahora sólo se conocen entre los coleccionistas y en las casas que se dedican a la compra y venta que les conocemos como de cambio. La historia de oro y la plata producida en nuestras ricas minas de nuestro hermoso territorio: México, nuestra patria querida, y tan conocida riqueza que ha ido saliendo para otros países por fraudulentos indignos mexicanos.
La historia nos dice que: el año de 1535, justamente a los 14 de haberse consumado la conquista, el primer virrey, don Antonio de Mendoza, fundó la Casa de Moneda y, con ésta creó un sistema con piezas burdamente fabricadas en plata y cobre.
El virrey de Mendoza tuvo que dar este paso, en virtud de que cuando los españoles llegaron a México el año de 1521, los nativos usaban, a modo de signos comerciales, plumas de distintos colores, granos de cacao, oro en polvo y unas monedas fabricadas con estaño y cobre, que afectaban la forma de una T. Las monedas que trajeron Colón, descubridor de la isla de Santo Domingo y Hernán Cortés, conquistador del imperio Azteca, era de dos, cuatro y ocho reales, pero en tan corta cantidad que el primer virrey como llevamos dicho, tuvo que idear un sistema monetario para el virreinato, fabricándose a mano las divisas, como todas las de su época.
Fueron doscientas mil las monedas de cobre que mandó hacer el virrey; pero los indígenas las rechazaron, arrojándolas al lago de Texcoco. Y debido a que abundaba el metal, el virrey se vio precisado a ordenar que se fabricasen tan sólo en metal blanco. Esto explica por qué, en el curso de varios siglos tan sólo se troquelaron en México monedas de oro y plata, siendo bastante bien hechas las que circulaban al final del virreinato.
En cuanto a las monedas de cobre, que al transcurso de las centurias fueron extraídas del lago de Texcoco, casi totalmente desecado, en el mercado de la numismática alcanzan precios fabulosos. Su valor corriente en Estados Unidos y Europa es de diez a cien dólares dependiendo su evalúo de su estado de conservación. Así la circulación del año 1537 a 1737; de busto, que circuló de 1732 y 1821, que lleva el retrato del monarca español reinante; la republicana, la del efímero imperio de Maximiliano y la Revolucionaria de 1910 y 1917.
Las mejores colecciones de monedas mexicanas son las siguientes: la del Museo de la Ciudad de Nueva York, que adquirió parte de la nuestro museo en los turbulentos tiempos revolucionarios; la del ex rey Víctor Manuel, de misma ciudad; la del doctor Francisco Pradeu, nativo del estado de Sonora, residente desde hace muchos años en la ciudad de Los Angeles, Cal, que estaba valuada en un cuarto de millón de dólares y cuyos catálogos y documentos puso a nuestra disposición.
Las primeras monedas de oro que se fabricaron en México fueron creadas por Real Cédula del virrey fray Payo Enríquez de Rivera, en la fecha del 25 de febrero de 1675, poniéndoselas en circulación en 1769. Esas monedas eran de 8, 4, 2, 1 y medio escudo. Durante los tres siglos del virreinato, México hizo la siguiente extraordinaria emisión de monedas: en oro, 68’778,411; en plata, 82’082,260; 657.44 en reales, lo que da un total de dos billones y pico de pesos (el peso se llamaba ocho reales), sirvieron para abastecer el stock monetario no sólo en México, sino también de Europa, China y los Estados Unidos. El hecho es que tenía ley de oro. Cuando los Estados Unidos nos despojaron de Texas, Arizona, California y Nuevo México, a la moneda mexicana continuó en circulación por mucho tiempo.
Fue entonces cuando los Estados Unidos lanzaron su “dólar trade”, muy semejante al mexicano, con el que inundaron el territorio que nos quitaron y los países asiáticos. Pero los chinos repudiaron la moneda, en virtud de que carecía de ley de oro, pues estaba fabricada con plata pura. Durante siglos, las casas de moneda de México abastecieron a las colonias españolas ubicadas al sur de Nueva España, a la portuguesa del Brasil y a las colonias inglesas y francesas. Justamente en la colección Pradeu existe un peso hecho en México y refrendado toscamente en el Brasil. También existen en esa colección varios “trade dolar” que los asiáticos convertirían en cajas de huevos, que rellenaban con opio y tan perfectamente ajustados, que tan sólo por su peso podía ser descubierto el timo. Los “dolar trade” ahora son utilizados como guardapelos.
Siguiendo un orden cronológico en este relato, cabe decir, que cuando el Cura Hidalgo tomó la plata, las que mandaron troquelar utilizando los servicios de unos monederos falsos que se hallaban presos.
Esto es el resultado del origen de nuestras desaparecidas monedas de oro y plata que mencionamos y que tuvimos en el tesoro nacional, las que cuando en tiempo de las revoluciones los ricos que las tenían las enterraron para que no se las robaran y con el tiempo, aparecieran los entierros cuando menos lo esperaban haciendo ricos muchos pobres, y a otros más ricos, cosa de suerte, o por casualidad, que por así como decimos todavía uno que otro entierro resulta.
Con esto decimos que así fue Tepa en el tiempo.


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