Crónica del día de San Pedro en el barrio Analco

Héroes entre nosotros

Por Jesús Gutiérrez Pulido

Como hace muchos años, la fiesta en honor a San Pedro apóstol es el día 29 de junio, y aquí en Mexticacán, en el mero barrio de Analco (al otro lado del río) se festeja con un triduo que consiste en mañanitas y cohetes muy temprano; por la tarde se lleva en peregrinación al templo parroquial en medio de rezos y alabanzas, y claro a cierta distancia van tirando cohetes que alertan sobre el recorrido.

En su corto descanso, digo de la imagen de bulto propiedad de la familia Torres de cinco generaciones, en el templo de San Nicolás (patrono de los mineros italianos) nuevamente regresan con la imagen ahora con más peregrinos hasta del mentado barrio de Analco, justo al oriente de la cabecera, donde se lleva a cabo la misa para luego trasladar la imagen a casa de don Juan Torres, donde es resguardada hasta el siguiente año, no sin antes acompañarse en el transcurso de la tarde noche conversando animadamente rezando y cantándole con devoción.

Hoy domingo 29 por la tarde el gentío se divide en dos eventos, las mujeres y hombres mayores y muchísima gente acude primero a misa y si queda tiempo se echan una vuelta a los gallos a caballo.

Los de a caballo, macho o burros están ya en la loma de don Claro Ponce donde se llevará a cabo la disputa de los gallos en plena carrera de caballos; hasta donde la chiquillería, jóvenes y demás saborean un refresco o los mayores cerveza que gentilmente atiende Francisco Torres (chicos) y Ricardo Padilla, ambos orgullosamente "analqueños", como cariñosamente se hacen llamar los del citado barrio, para recaudar fondos por que se desea construir una capilla en el corazón del caserío teniendo ya lote donde edificarse.

La tarde es calurosa pero el ambiente del lugar es agradable; las notas de la banda de viento ya no se escuchan, porque sólo acompañaron la peregrinación del templo parroquial hasta la casa del finado don Juan Torres y en seguida se retiraron, siendo esta vez los músicos de Cañada de Islas.

Entonces en la loma se recortan los jinetes en sus cabalgaduras disputándose un entelerido gallo que es zangoloteado bruscamente para deleite de los asistentes. Van y vienen azotando a sus bestias, causando incluso peligro por lo cerca en que grupos de personas andan rondando.

En un descuido, un inquieto niño intenta cruzar el baldío justo donde es el carril de los caballos, siendo alcanzado y golpeado sin que alguien pudiera evitarlo.

El alboroto creció y pronto el apretujadero de curiosos quiso enterarse de los daños, más luego fue llevado por la ambulancia municipal a curación creo a Yahualica. Y siguieron la disputa de los gallos con la intrepidez que los caracteriza, ésta vez arrancan sus pencos el mentado Felipe Rodríguez, alias "el látigo" y el no menos famoso José Martínez "la chirina", que intentaban quedarse con el despelucado gallo a toda carrera, cuando el niño Emmanuel se cruza peligrando su vida, entonces la reacción del joven Isidro Estrada Jáuregui fue como un relámpago y se lanza sobre el niño empujándolo para que no fuera arrasado por los caballos, pero como asimismo no pudo librarse, recibe de lleno el golpe de los pencos desmayándose de inmediato.

Amigos y familiares lo trasladan a curación a Yahualica, donde recupera el conocimiento, le suturan una abierta en la oreja izquierda y de su clavícula fracturada -ordena el doctor- sólo ocupa reposo.

Entrevistado el joven Isidro a dos días del incidente, sonríe cuando le pregunto ¿cómo sucedió? Y menciona que al ver al niño atravesarse, no dudó en lanzarse y empujarlo fuera del peligro... enseguida ya no supo nada.

Luego de sopesar las consecuencias de "lo que pudo ocurrir de no haber intervenido Isidro" pensemos en lo grave de las consecuencias que pudieron ocurrir.

Imaginemos al pequeño envuelto entre las patas de los caballos sin que una mano salvadora lo quitara del torbellino; pudo entonces suceder lo peor.

Sólo que ahora el ángel de la guarda de Emmanuel tiene nombre, se llama:
Isidro Estrada Jáuregui.

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