San Diego: Encuentro de la Generación 61 del Seminario de Guadalajara

Convivencia que refresca los ideales y reanima la alegría

Por Oscar Maldonado Villalpando

Tanto tiempo y tanto espacio y coincidir… como dicen.

Eso fue también en este caso. Cuando el tiempo llega, así la vida, así la naturaleza. Cuando las lluvias bajan, cuando los vientos soplan, cuando llega la primavera, cuando asoma el otoño y se viene el invierno. De sembrar el tiempo, de cosechar la hora. De muchas partes, de aquellos pueblos de Jalisco, con rostro de octubre de 1961, algunos de Zacatecas, así graneados, así llovidos. Como traídos por una fuerza distinta, imperceptible, pero poderosa.

Fueron cuatro puntos claves: El día de irse al Seminario era el 23 de octubre. Un año el Río Lagos rompió la carretera Panamericana. Cd. Guzmán en el sur al pie del volcán, Totatiche en el norte con su gris lejanía, Guadalajara levantando el vuelo, enseguida de González Gallo, San Juan del gran templo y la hermosa Virgen, San Juan de las multitudes devotas, con “la manda de su corazón” Las tortas, tostadas de los estanquillos de sabor eterno, el mercado y el pan caliente de sus gritos, la cantera florecida de faz sincera. Los restaurantes nuevos, los pasajes comerciales.

La milicia de don Guadalupe Hernández en la casa de tercera orden, los latines, la salida a desayunar, comer y cenar en el pueblo con las buenas familias. La visita a la Virgen, el privilegio diario.

El 23 octubre de 1963, sonó el clarín general, todos a la concentración en Guadalajara en la casa de San Martín por Belisario Domínguez. Es justo decirlo, qué caray, eso que iban de Los Altos, ponían la muestra, buenos para el Latín, a la enérgica voz casi ranchera de don Guadalupe Hernández, esa Analogía Latina, estaba dominada, muy buenos en matemáticas y en Lengua Castellana, en Biología con el P. Bruno. Y además bien hechos a la disciplina que ni se extrañó el temple del Rector don Jesús Becerra.

Guadalajara como la de la canción, casi al pie de la letra, Los Colomitos, la lluvia desde la loma no nos dejaba ir a Zapopan, aún había carretera a… en los parianes y alfarerías suenan con triste melancolía… Guadalajara más concentrada, nada de Av. Revolución, apenas a La Bandera… De los Arcos hacia acá… ¡Qué joven el estadio Jalisco, pero el del primer nivel, aún no crecía!

Fueron tiempos cuando se enlazan y comparten los ideales, las ilusiones. Todo era aventurarse, todo descubrir, más en el deporte, en las vacaciones. En todo. Momento señalada fue el 15 de agosto de 1964. Hubo que estrenar el Seminario Menor Nuevo, nos llenaba la boca, Avenida Las Torres se decía, hoy Lázaro. Un enorme solar aislado, los edificios nuevos. Con cariño, don Enrique Trujillo Valdivia y los demás. ¿Cómo se sentiría don José Ruiz Medrano yendo por los largos y esmaltados corredores, después de tantas aulas y rincones?

Fue toda una vida, lo mejor de la vida, lo más hermoso de la historia de cada quien. Guadalajara se hizo propia y entrañable desde el ángulo personal.

Mil batallas de por medio, algunos han regresado y San Diego de Alejandría ha sido feliz anfitrión. Ordenados y no, algunos. Llegaron este sábado 28 de junio de 2008. Tiempo de cantar, de convivir. Atención esmerada del siempre alegre P. Juan Pérez, a sus 90 años de vida. El grupo Alma de Jalisco brindó una actuación muy especial.

Participaron, entre otros el P. Pedro Ruiz, P. Luis García León, P. Oscar, el Director de Semanario de Guadalajara, periodista J. Jesús Parada Tovar, el psiquiatra José Contreras, el doctor Daniel Ortega, Francisco González de Jalos, Miguel Alatorre, Gregorio Martínez, M. Antonio Valencia, Dr. José Flores, El Estimado.

Inolvidable y hermosa tarde. La Señora Ana Gallegos les brindó deliciosos platillos. Se hospedaron con “La Güera Pérez” Esta fue la jornada de los amigos.

Publicar un comentario

0 Comentarios