+ Buen baile, mejor Expo y pésimo desfile
+ Haga su propio ambiente en la Feriabril
Por Fabiola González Ontiveros
Pues comenzaron las fiestas...
Después de estar casi dos semanas fuera de Tepa, creía yo que las fiestas empezarían hasta el domingo, como que eso de estar de vacaciones deja a la gente un poco desorientada.
Como no había visto a mis amigos en los días santos, empecé a hacer llamadero de gente para invitarlos al café porque ya los extrañaba, y en eso que me invitan a ver a la Banda El Recodo y me sorprendió, porque no tenía ni idea de que a partir de ese día empezaba el desmadre.
Se supone que estas fiestas son las últimas que voy a pasar viviendo aquí, así que me prometí que me iba a salir a todo lo que pudiera, al cabo que saliendo con mi hermana no tengo problemas con los permisos, así que cuando me invitaron aunque no soy fan de la banda acepté.
Llegamos al núcleo cerca de las 11 de la noche, las taquillas estaban retacadas y cuando por fin pudimos entrar vimos que todavía ni las luces del Recodo, pero ahí estuvimos observando quién estaba, nos encontramos con algunos amigos y estuvimos bailando con las bandas que tocaban mientras salía por la que habíamos ido.
El caso es que apareció como hasta la 1 de la mañana. Antes de llegar dije que seguramente no me iba a saber ninguna, porque yo escucho otro tipo de música, pero en una familia como la mía, en la que crecí con absolutamente de todo, pasando por los Beatles, Queen, el Buki, Juan Gabriel, José José, la Sonora Dinamita y una que otra nacada como el General que mi papá escucha todo el tiempo, es casi imposible no sabérselas, así que al ratito estaba ahí desgarrándome la garganta para hacerme escuchar y divertirme con mis amigas. Me sentía bien taruga pero sin una sola gota de alcohol, con la compañía que tenía ni falta que hizo, porque con ellas siempre me boto de la risa.
La cosa se vino acabando más o menos faltando unos 20 minutos para las 4 de la mañana y yo no sentía el sueño por ningún lado, lo único que me pasaba era un dolor de tobillos terrible por tanto bailar y estar parada o brincando.
Todavía llegué a la casa a cenar, porque hasta con eso, tenía un poco de hambre, y me fui acostando a las 4 30. Al día siguiente me despertaron a las 9 de la mañana, y aunque sentía el cuerpo un poco cansado estaba bien activa y no me quedé hasta la hora de la comida.
Supuse que no iba a salir porque no les veía trazas a mis compañeras de fiesta, así que me quedé viendo la tele toda fachosa y desarreglada, cuando mi hermana baja de su cuarto en friega -pasadas las 9- para decirme que si no quería ir a la Expo.
No me lo dijo dos veces, aventé la pijama, los lentes y las babuchas (pantuflas) y sustituí todo por ropa decente, pinturas y un cepillo. A las 10 ya íbamos en camino para la Ganadera, y en lo que pasamos por las que faltaban y encontramos estacionamiento se nos hicieron casi las 11 de la noche, pero apenas estuvo bien, porque en tiempo de fiestas el movimiento comienza después de esa hora.
Al principio me sentía muy rara porque iba con las amigas de mi hermana, que últimamente ya también las considero mis comas, pero el caso es que se veían guapísimas todas y pues una que recién casi se había levantado, me hicieron chiquita. Después se me fue el trauma porque en esta ciudad son todos muy criticones y luego se cohíbe la gente, pero en realidad esas cosas valen madre. Ese día me divertí muchísimo, conociendo gente nueva y leleando. La noche se nos acabó a las 2:30, y no por que estuviera cansada sino porque una de las nuestras ya se quería ir.
Aún con esas dos noches de desvelo acumuladas, nos prometimos que nos levantaríamos temprano para ir a ver el "súper" desfile de cada año.
Dicho y hecho, como a las 8:30 ya estábamos paradas, nos pusimos a desayunar y nos fuimos a esperar que empezara el desmadre.
El dichoso evento dio inicio hasta las 11:30 y se supone que estaba programado para las 11, siendo el carro de la nueva señorita Tepabril el primero; estaba… jodidísimo es poco, el de Mitzi fue el peor de todos los dizque carros alegóricos que pasaron, y nos preocupamos, porque si así estaba el primero, no podía augurar nada bueno para los demás, pero en realidad estaban menos peor.
Creo que lo mejor del desfile fueron unos muñecos grandotes que pasaron bailando a pie, la verdad eso sí me gustó mucho, pero el desfile en general, muy largo, chafa y mal organizado. Además de que habían demasiados carros transformers, ya sé que a eso se llama Tunning, pero para mi son transformers, que no tenían absolutamente ningún chiste y estaban totalmente fuera del tema de las fiestas de Abril. Eran carros y más carros de esos, tantos que nomás no les veíamos el fin, absolutamente fuera de lugar me parece.
En la tarde me quedé dormida, no me lo propuse, pero el cuerpo no me aguantó el paso y en cuanto toqué una almohada no supe más de mi, y por la noche como nadie quiso salir me quedé como niña buena, estudiando para mi examen de historia que presentaría este lunes que ya pasó.
El lunes al despertar me dolía mucho la garganta y tenía un ojo rojísimo, por lo que tengo que usar anteojos hasta que me medio alivie, pero es por el terregal asqueroso que hay por todos lados ahorita, confío en que todos los virus que agarré sean simplemente un síntoma de enfiestamiento leve. Por si las moscas me mandaron con el doctor, porque con eso de la epidemia de influenza nunca se sabe, y mejor hay que cuidarse ahora mientras no se complique mucho.
El jueves fue día del libro, por lo que nos mandaron a la plaza a festejar leyendo a los niños o escuchando mientras otros lo hacían, con gusto me apunté para leer pero resulta que estoy ronquísima y tengo voz de hombre.
Con todo y todo, esto no me va a detener. Y como sigue siendo jueves mientras escribo, por la noche no me verán ni el polvo, a menos que estén en la Expo y ya para el viernes y hoy sábado Dios dirá, pero de algo estoy segura: Mañana vámonos todos a los arrancones.
Disfruten las fiestas, que no se trata de lo chafa que las organizaron, sino de cómo haga el ambiente uno, y ya nomás nos queda una semana...


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