Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com
En una aldea de pescadores, en la costa de México, una pequeña embarcación regresa al mediodía de su diario trabajo. Un turista americano de edad avanzada, que camina con dificultad, se aproxima al pescador que ha tostado su piel por el sol del Caribe. Después de comprobar la calidad del producto, el turista pregunta con aires de autoridad:
-¿Cuánto tiempo te llevó pescar esta cantidad de pescados y mariscos?
-No mucho, no mucho, responde el pescador.
-Entonces, ¿Por qué no trabajas más tiempo en el mar y pescas más? Así podrías aumentar tus ganancias.
El pescador encoge de hombros y responde:
-Esta cantidad basta para atender las necesidades de mi familia.
-Pero, ¿qué haces con el resto del tiempo? Estás desperdiciando una gran oportunidad…
-Juego con mis hijos, platico con mi esposa, visito a mi madre enferma y duerno una siesta arrullado por las olas del mar. En la noche voy a la villa para ver a mis amigos, tomar unas bebidas y cantar unas canciones.
El americano interrumpe, moviendo la cabeza:
-Yo puedo darte el secreto para tener una vida realmente buena. Haz lo siguiente: Si trabajas unas 16 horas cada día en la pesca, podrás vender más pescados y vas a ganar mucho dinero. Con este fondo adicional, comprarás un barco mayor.
Con las ganancias, entonces vas a adquirir un segundo y un tercer barco y así sucesivamente, hasta poseer una flota pesquera. En vez de vender tus pescados a un intermediario, negocias directamente con los frigoríferos y empresas de exportación y así muy pronto, serás dueño de tu propia compañía transnacional.
Claro, vas a tener que trabajar mucho; levantarte temprano y acostarte tarde. No hay días de descanso, debes de tener dos teléfonos celulares y hasta vas a sacrificar a tu familia por un tiempo.
Luego, levantando el bastón de su mano, exclamó el americano:
-Cuando seas rico, ahhh, puedes hacer lo que quieras con tanto dinero; como yo, que tomo tres días de vacaciones cada año en estas bellas playas del Caribe.
-¿Cuánto tiempo llevaría eso? Pregunta el mexicano, con una pícara sonrisa.
-Unos veinte o veinticinco años, responde el americano, pero podría variar por motivos imprevisibles.
-¿Y después?
El magnate de la economía responde con aplomo:
-Allí comienza lo bueno. Al final de tanto tiempo de sacrificio, te retiras y te vas a vivir a una villa a la orilla del mar, duermes hasta tarde, pescas sólo unas cuantas horas, descansas al lado de tu esposa, juegas con los nietos y pasas las noches divirtiéndote con tus amigos…
Reflexión:
No busques lo que no has perdido, valora lo que posees. Más que sufrir por lo que no has logrado, haz un inventario de lo que tienes y eres.
El presente es lo único que está en tus manos. El mañana aún no existe. Por lo tanto, no vale la pena preocuparse por él.
Señor, enséñame a vivir y gozar mi presente, valorando lo que tengo y lo que soy, para que no me deslumbren los espejismos de la ambición.
Que no vea a mis hijos volar, para desear abrazarlos.
Que no dé a mis nietos el cariño y tiempo que no di a mis hijos. Que sepa con certeza y lo experimente, que valgo más que las aves del cielo y los lirios del campo, sabiendo que mi pasado pertenece a tu misericordia, mi futuro a tu providencia y mi presente está bajo tu señorío.
Señor, enséñame a vivir intensamente estas veinticuatro horas, para ser feliz hoy, en vez de lamentarme por el pasado o huir al futuro que no existe.
Jesús, tu fuiste pescador de hombres, por eso consciente que el pescador, a diferencia del labrador que tiene graneros, vive cada momento con intensidad, pues sabe que a cada día le basta su ansiedad. Amén.


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