Chatarra programada

Por Fabiola González

Desde siempre me ha lastimado bastante la forma en que se trata al mundo, y aunque no soy activista, trato de colaborar un poco con lo que está al alcance de mis posibilidades.

Mientras vivo como se vive actualmente, rodeados de tecnología que nos hace la vida más cómoda pero destruye al planeta, me encuentro con la alegría de que hay muchísima gente que está haciendo algo al respecto, simple y sencillamente porque quiere vivir en un lugar mejor, o porque quiere que a sus bisnietos les toque aún poder respirar aire puro, o que aún se puedan ver los campos.

Para mi clase de mercadotecnia estratégica nos pusieron a ver dos documentales: Food Inc. (Comida A. C. ) y Comprar, tirar, comprar. El primero nos muestra de dónde viene la comida en Estados Unidos y por supuesto la que exportan a otros países entre ellos el nuestro, tanto carne como cereales. El segundo documental habla sobre consumismo y obsolescencia programada, que para todos aquellos que se hayan preguntado “obsole… qué?” en resumidas cuentas es el hecho de que todos los productos que nosotros compramos están diseñados para durar poco tiempo, y así, tengamos que comprar otro.

Cualquiera desde afuera podría fácilmente preguntar por qué vemos esos documentales para una materia de mercadotecnia, si el objetivo es vender y hacer que se desee un producto. Pues sí, ese es el objetivo, pero afortunadamente cada vez hay más gente que está cambiando su forma de pensar, que está retrocediendo, pero no es un retroceso de dejar la tecnología a un lado, es usar toda esta tecnología que tenemos para recuperar un poco de lo saludable o sustentable que había en el pasado.

La verdad es que casi no veo documentales por mi cuenta, pero siempre que alguno se me cruza en el camino, algo cambia en mi forma de ver las cosas. No estoy diciendo que después de ver Food Inc. me deshice de toda la carne en mi refrigerador, pero al menos creó consciencia para buscar dentro de mis posibilidades, la mejor alternativa.
Lo que sucedió con Food Inc. fue para mí, bastante difícil de ver, puesto que siempre he sido defensora de los animales, y aunque no soy vegetariana y podría sonar incoherente, estoy en contra de la explotación de los animales.

De pronto en Food Inc. veo que a los pollos los obligan a comer tanto que se mueren de gordos, que a las vacas se les rompen las patas porque no pueden con su peso, porque no es normal y les meten toda la comida que pueda entrar por su boca, para que puedan venderlos mucho más caros. No ven a los animales como un ser vivo, como algo que respira y camina, lo ven como un producto que no sirve mientras esté vivo, comienza a dar frutos en cuanto muere.

Además de que hay animales contaminados por las condiciones en las que viven y por la comida genéticamente alterada que les dan y provocan enfermedades que te pueden matar en menos de una semana.

Cereales que tampoco crecen naturalmente y tienen químicos que la gente se come como si nada sin saber que a largo plazo hacen daño. Yo no tenía ni idea, antes de ver el documental, de que hay muchísimas cosas que no tienen que ver con comida, que están compuestas de maíz, genéticamente alterado, por supuesto.

Hay un montón de muertes por enfermedades ocasionadas por malos alimentos, incluso presentaban el caso de un niño que murió por comer una simple hamburguesa en sus vacaciones. La carne estaba contaminada con una cosa que se llama E. Coli. A pesar de los esfuerzos de la madre del niño, ella sola es demasiado insignificante para las empresas para poder luchar en contra de la industria completa, y de cualquier manera, por más lejos que llegue, nada podrá devolverle la vida de su hijo.

Así presentaron, un caso tras otro, gente que está harta de que las grandes industrias hagan cualquier cosa con las vidas de los seres humanos, de los animales y de las plantas, todo representa dinero, solamente quieren tener el dominio total de las personas y sus alimentos.

Yo me pregunto si ellos, los que tienen la sartén por el mango, comerán los mismos alimentos que nos dan…

Al final del documental nos dicen claramente, todos pensamos “y yo qué puedo hacer contra ellos” pues casi nada! Podemos exigir mejores alimentos, podemos dejar de comprar esa carne de dudosa procedencia, tal vez yo sola no, pero si varios millones de personas cambian la forma de pensar, los productores tendrán que cambiar algo, porque claro, ahora hacen eso porque es el sistema que representa más dinero, pero si los que consumieran alimentos orgánicos fueran la mayoría, entonces la industria tendría que producir forzosamente alimentos orgánicos, porque sería ahí donde se encuentra el dinero. No les importa nada, mientras sea redituable.

Por otro lado, en el segundo documental, “comprar, tirar, comprar”, me molesté bastante al ver las consecuencias de lo que veo todos los días con la obsolescencia programada.
No trato de ponerme como la mujer más sensata del mundo, porque no lo soy, constantemente estoy deseando comprar cosas nuevas, sin embargo, no las compro si después de considerarlo un rato me doy cuenta de que realmente no lo necesito.

Convivo todos los días con gente que al menos cada tercer día tiene que ir a alguna plaza comercial para comprar lo que sea, prendas de ropa sobre todo, porque tienen la necesidad de, tal como decía en el documental “obtener cosas más nuevas y antes que los demás” ese nivel de status que creen que les da una prenda de Zara, que utiliza materiales de tan mala calidad que a la quinta lavada ya se rompió. ¿Qué se hace? Pues van a la tienda y compran otra cosa.

Tampoco fue una sorpresa para mí que los productos estuvieran destinados a durar menos, a que tuvieran un tiempo de vida corto para que podamos comenzar de nuevo y comprar todo.

La obsolescencia programada usted no lo va a creer pero comenzó con los focos, antes, las bombillas duraban alrededor de 2500 horas y ahora, están diseñados para durar solamente 1000 horas, en Estados Unidos hay un foco en una estación de bomberos que el año pasado cumplió 100 años encendido, y fue la gente a cantarle las mañanitas y partir un pastel y jalada y media, pero el chiste es que se dieron cuenta de que, si crean productos duraderos, la gente deja de consumir, así que ahora la obsolescencia programada está presente en cada producto que está a la venta.

Lo que comenzó como una idea para salvar a la economía de la recesión, ahora es el pan de cada día, y nadie se atreve a cambiarlo porque ahora nuestra mente no piensa en el hecho de cambiar las cosas porque no sirvan, las cambiamos porque un producto es más bonito que otro, un producto es más nuevo que otro o tiene más funciones.
¿Entonces qué es lo más viable? La economía no está en su mejor época actualmente, como dice el dicho: el horno no está para bollos. La gente necesita dejar de gastar dinero en cosas inútiles, pero esa es sólo la tarea más sencilla, lo verdaderamente complicado es cambiar la forma de pensar de todos aquellos que no pueden verlo. Porque nuevamente, el problema no está en las empresas productoras, está en los consumidores que piden una cosa y otra y no tienen fin. Afortunadamente, hay un gran número de personas que sí se preocupa por lo que está pasando, y está trabajando para que podamos detener esta situación, porque un crecimiento ilimitado, no va a la par con un mundo ilimitado.

Sin la intención de escucharme como en esos concursos de belleza plásticos llenos de obsolescencia programada, me vino a la mente por el concurso de Miss Universo que se llevó a cabo esta semana, ellas intentan ser más bonitas, más esbeltas y más vacías del cerebro que cualquier otra persona, en lo personal de verdad quiero un mundo mejor, y yo puedo hacer algo, aunque sea mínimo, colaborando con mi parte y además, con la labor y compromiso que tengo al estar preparándome para ser comunicóloga, y así difundir el mensaje y hacer que la gente tome conciencia de lo que está pasando.

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