Pueblo marranero

Por Germán Ramos Navas

(Artículo tomado de Milenio Jalisco en su edición del 5 de septiembre de 2011

Por años, por generaciones, se ha sostenido que Jalisco es el primer productor de cerdos en el país, sin incluir los quinitos que están en engorda en los corrales familiares, en espera del cumpleaños o en una apuración para hacerlo carnitas. Por lo mismo, cuando se hablaba de alguna enfermedad propia de este animal, como la fiebre porcina, de inmediato se miraba hacia el estado.



Quizá se viva de la fama, porque la realidad es otra, ya que el ganado porcino no tiene la calidad exigida en otros mercados. Los marranos jaliscienses son excelentes para tortas ahogadas y para el pozole. Ni a Michoacán se puede vender el cerdo, porque coloquialmente dicen en esa entidad que el cerdo tapatío ni para carnitas sirve, que los buenos son los de La Piedad.

Todo viene porque el gobierno de China no autorizó a un solo productor de cerdo de Jalisco para exportar carne de ese ganado a su país, ya que no pasó los niveles exigidos en calidad y sanidad. La verdad es que es una afrenta para el principal productor de carne de cerdo del país, como es en la fama y también en las estadísticas.

Sin embargo, los porcicultores jaliscienses poco se han preocupado por exportar, aunque debieran poner los ojos sobre China, porque casualmente es el principal consumidor de carne de cerdo del mundo y son muchos miles de millones de habitantes que demandan ese producto cárnico. La prueba del desdén a los mercados externos de parte de los porcicultores locales se mostró desde que se abrió el mercado japonés para la exportación de carne de cerdo, más cuando es un país con medidas menos estrictas que ahora las chinas. No hubo entusiasmo de los ganaderos, más aún cuando los nipones sólo pedían determinadas partes del cerdo y los productores estatales querían vender todo el animal completo.

Las autoridades chinas se pusieron muy exigentes con los porcicultores que pretenden venderles carne de cerdo, ya que exigían una inspección detallada en los corrales, en todo el proceso de engorda para dar el visto bueno. En otros casos, se pide un dictamen de todo el ciclo de producción avalado por un experto local o nativo y suficiente para dar el visto bueno para la compra como sucede con Japón. Sin embargo, los chinos fueron más duros en su certificación, situación que resulta curiosa, porque ninguna autoridad mexicana ni organismo nacional adopta esa actitud para los miles de productos que envía, desde alimentos, hasta productos industriales y de todo tipo.

Por ello, en la supervisión de los inspectores chinos, sólo autorizaron a productores de cerdo de Sonora, Nuevo León, Chihuahua y Yucatán. Ahora podrán enviar su carne a partir de noviembre y tendrán un mercado amplio, ya que esos asiáticos consumen 50% de la carne de cerdo que se produce en el mundo. Además aceptarán el animal completo y se espera que el primer año realicen compras por 500 millones dólares. Es decir, que no tendremos escasez de marrano para las ahogadas y el pozolazo.

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