Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com
Se cuenta la historia de una persona, que falleció luego de una larga vida de amor y servicio. En el funeral, sus hijos se levantaron uno por uno a contar historias referentes a su padre y pronto pudo notarse un tema común: que su más singular y extraordinaria cualidad fue su voluntad para servir a otros, sin importar cuál fuera la necesidad.
Era uno de esos hombres siempre dispuestos a tener una mano, hacer un favor, algún trabajo peculiar, o simplemente ofrecer un transporte a alguien. Una de sus hijas mencionó que a dondequiera que se dirigía, llevaba consigo una caja de herramientas y un par de herramientas y un par de vestimentas de mecánico en el maletero del carro, “por si acaso alguien necesitaba alguna recuperación”.
Muchas veces, cuando escuchábamos la palabra “coraje” pensamos en actos heroicos en periodos de crisis. No obstante, en nuestra vida cotidiana, no debemos pasar por alto la valentía de simplemente estar ahí. Las vidas cambian cuando con fidelidad proveemos para nuestras familias, cuidamos de los ancianos o prestamos atención a un amigo en dificultad. Persistir en hacer de este mundo, un mejor lugar para vivir, es definitivamente una expresión de valor.
Un gran misionero, doctor y teólogo, fue una vez interrogado en una entrevista. Le pidieron que mencionara el nombre de una gran persona viva en la actualidad.
De inmediato respondió: “La persona más genial es aquél individuo incógnito que en este mismo instante ha acudido en amor a socorrer a otro”.
En la vida diaria todos podemos hacer algún servicio a los demás, sin embargo no hay que esperar solo momentos muy especiales para servir a otros, pues a veces cuando menos lo esperamos, se nos presenta distintas oportunidades de tener la mano a alguien que nos necesita.
Sobre todo hay que comenzar con la propia familia, porque hay personas que parecen “candiles de la calle y oscuridad de su propia casa”.
A las mamás, papás, cuánto bien podemos hacerles ayudándoles en sus diversas ocupaciones a los vecinos, a los compañeros y compañeras de trabajo y sobre todo entre hermanos.
padre.miguel.angel@hotmail.com
Se cuenta la historia de una persona, que falleció luego de una larga vida de amor y servicio. En el funeral, sus hijos se levantaron uno por uno a contar historias referentes a su padre y pronto pudo notarse un tema común: que su más singular y extraordinaria cualidad fue su voluntad para servir a otros, sin importar cuál fuera la necesidad.
Era uno de esos hombres siempre dispuestos a tener una mano, hacer un favor, algún trabajo peculiar, o simplemente ofrecer un transporte a alguien. Una de sus hijas mencionó que a dondequiera que se dirigía, llevaba consigo una caja de herramientas y un par de herramientas y un par de vestimentas de mecánico en el maletero del carro, “por si acaso alguien necesitaba alguna recuperación”.
Muchas veces, cuando escuchábamos la palabra “coraje” pensamos en actos heroicos en periodos de crisis. No obstante, en nuestra vida cotidiana, no debemos pasar por alto la valentía de simplemente estar ahí. Las vidas cambian cuando con fidelidad proveemos para nuestras familias, cuidamos de los ancianos o prestamos atención a un amigo en dificultad. Persistir en hacer de este mundo, un mejor lugar para vivir, es definitivamente una expresión de valor.
Un gran misionero, doctor y teólogo, fue una vez interrogado en una entrevista. Le pidieron que mencionara el nombre de una gran persona viva en la actualidad.
De inmediato respondió: “La persona más genial es aquél individuo incógnito que en este mismo instante ha acudido en amor a socorrer a otro”.
En la vida diaria todos podemos hacer algún servicio a los demás, sin embargo no hay que esperar solo momentos muy especiales para servir a otros, pues a veces cuando menos lo esperamos, se nos presenta distintas oportunidades de tener la mano a alguien que nos necesita.
Sobre todo hay que comenzar con la propia familia, porque hay personas que parecen “candiles de la calle y oscuridad de su propia casa”.
A las mamás, papás, cuánto bien podemos hacerles ayudándoles en sus diversas ocupaciones a los vecinos, a los compañeros y compañeras de trabajo y sobre todo entre hermanos.


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