Por Luis Gutiérez Medrano
Adivinen de qué hablo:
Ferrari, Vocho, Ford T.
que a las últimas se ve
como un vil patín del diablo.
Culpan al entrenador
de los continuos fracasos
en casi todos los casos,
¡Hágame usted el favor!
No le busquen más señores,
son ataques miserables
pues los únicos culpables
son los propios jugadores.
Si nada les quita el pujo
¡Pos que se busquen un brujo!



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