Sobre el motín en cárcel de Apodaca
Manuel es el nombre ficticio de un reo
que a través de su familia envió este testimonio de lo que vivió el pasado
martes en el interior del Cereso de Apodaca
Milenio.- Mi nombre es Manuel y estoy
internado desde hace varios años en el Cereso de Apodaca. Aún no me reponía del
susto del pasado domingo y este martes volvimos a recibir la orden.
“Esta tarjeta(telefónica) te la manda El
Chabelo y debes hablar a tu casa para que vengan en la tarde en chinga a
protestar porque al jefe se lo quieren llevar y lo vamos a impedir cueste lo
que cueste”. Esas fueron las palabras que recibí de uno de los reos incondicionales
de este narcotraficante.
Nos pidieron que nos armáramos con
cuchillos, piedras, palos y que sacáramos algunos colchones, ropa y todo lo que
se pudiera quemar porque se harían barricadas para enfrentar a la chota que iba
a ingresar.
Poco después de las cinco de la tarde
empezaron a llegar los agentes federales. Eran muchos y traían equipo antimotín
y nos gritaron: “Por su pinche desmadrito que hicieron ahora sí se los va a
cargar su puta madre”. Y empezaron a enfrentar sin obstáculo alguno a los reos que
fueron sometidos en cada uno de los ambulatorios.
Tiraron balazos a los reos que más se
resistían a ser sometidos; rápidamente controlaron la situación después de que
unos de mis compañeros les tiraban piedras, palos y continuaban con el incendio
de colchones y ropa en un lugar entre la iglesia y un auditorio.
Cuando tomaron control de la situación
nos tiraron al piso a todos los reos, nos desnudamos porque así lo pidieron;
boca abajo y con las manos en la cabeza nos preguntaban por El Chabelo, sólo
habían hallado al Junior y al Extraño. Y El Chabelo no era encontrado por
ningún lado.
Y porque no lo hallaban empezaron a
darnos una madriza con los toletes, patadas, palos, puños. Lo primero que nos
golpearon fueron las nalgas. No nos dejaron levantarnos ni para ir al baño.
Muchos del susto se hicieron ahí.
Cuando ya lo encontraron cambiaron su
actitud con nosotros, pero los federales no dejaban que ni siquiera
levantáramos la cara.
Oímos gritos de los policías y soldados
que pedían a unos de la Cruz Verde o de la Roja que se llevaran a los heridos
de bala y los más golpeados.
Nos dejaron pararnos después de la una de
la mañana y nos empezaron a doler las manos por la posición que teníamos. En
fila fuimos a nuestros dormitorios. Nos vestimos y a dormir.
Me percaté que todos los compañeros
estaban bien encabronados porque desapareció el poco dinero que teníamos en las
celdas.
Tengo miedo, mucho miedo porque los que
se quedaron adentro ya nos aventaron una advertencia “No crean que este pedo ya
se acabó, el bueno que va a quedar es más cruel y sanguinario que el Spider y
el Chabelo”.
Así ni hablar, se fue el Spider, se
llevaron al Chabelo y ahora el que venga a ver cuánto nos va a cobrar de
extorsión.
Manuel, recluso del penal
Nota de la Redacción:
"El Chabelo", considerado como
un reo de alta peligrosidad, fue trasladado vía aérea al penal de Puente
Grande, en Jalisco, la madrugada del pasado 22 de febrero.


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