Peor el remedio




Con el enésimo paro camionero en Guadalajara y otros municipio de Jalisco y luego de ver cómo espontáneos se dedicaron a transportar a la gente a bordo de vehículos particulares, al gobierno del estado, concretamente, la Secretaría de Vialidad y Transporte, se le ocurrió reciclar una idea de hace más de 30 años, por si se vuelve a dar una eventual huelga de transportistas.
La idea fue bautizada con el nombre de Transporte Emergente Colectivo, donde quienes estén dispuestos a cobrar solamente 6 pesos por pasajero y tengan un vehículo con capacidad con al menos para seis personas, puede pedir a la Secretaría de Vialidad para un permiso temporal y así dar servicio a la gente en caso de que los camioneros se vuelvan a poner sus moños y no quieran salir a las calles, más que para protestar.
La idea está basada en una solución que al entonces gobernador de Jalisco, Flavio Romero, se le ocurrió en 1982 para afrontar la crisis a causa de la huelga de la Alianza de Camioneros de Jalisco, quienes pedían un aumento a las tarifas.
Entonces el gobernador permitió que todos aquellos particulares que contaran con una camioneta y así lo desearan, dieran servicio de transporte público a cambio de una pequeña tarifa.
Yo no recuerdo dicha disposición gubernamental, pero sí a las combis que empezaron a aparecer por todos lados. No eran muchas unidades y tampoco muchas rutas, por lo que cada vehículo de estos portaba tan sólo un número de dos dígito para denotar el derrotero que cubría.
La Volkswagen Combi, que no fue hecha para transporte público, no era el medio ideal para transportarse. Sólo les cabían unos cuantos pasajeros sentados, pues su baja altura no permitía a ningún adulto viajar de pie; el chofer no daba boleto y cuando alguien debía subir o bajar, no había ningún dispositivo que permitiera abrir la puerta a distancia, por lo que el mismo operador debía abrirla estirando el brazo o con un ingenioso pero hechizo sistema de varillas.
Y esas puertas, como no estaban diseñadas para abrir y cerrarse infinidad de veces, pronto daban de sí y se arruinaban, por lo que el propietario optaba por mandarle a hacer una de herrería, para que aguantara…
Las combis nunca se fueron, a pesar de que eventualmente el conflicto con la Alianza se arregló y sus camiones volvieron a circular. Y también eventualmente, los operadores de combis obtuvieron placas y permisos formales para dar servicio y después se constituyeron en una organización llamada Sistecozome.
Las combis se convirtieron em minibuses a finales de los 80 y a mediados de los 90 se transformaron en las monstruosidades que ahora conocemos, camiones de tamaño completo que ocupan el mismo espacio que cualquier otro autobús urbano.
Si se llegan a instaurar lo que propuso ahora el gobierno, los llamados TEC's, será replicar la historia del Sistecozome con los resultados que ahora padecemos los usuarios. Los operadores acomedidos no se querrán bajar de sus camionetas y seguirán dando servicio, con o sin permiso del gobierno, hasta que éste doble las manos y les permita formalmente circular por la ciudad, dándoles la concesión.
Y entonces, más y más gente que cuente con alguna camioneta más o menos, querrá también entrarle al negocio y si ahora en Guadalajara hay un parque camionero calculado en 6,000 unidades, con el nuevo Sistecozome que irresponsablemente podría crear el gobierno, el número de camiones aumentaría a por lo menos 8,000 o 9,000 autobuses.
Autobuses que ocuparán espacio, contaminarán, causarán accidentes y desquiciarán aún más la vida urbana de la zona metropolitana.
Ningún gobierno en Jalisco se ha animado a combatir realmente al "pulpo camionero" y sólo le han sacado la vuelta con otras dique soluciones como el Sistecozome o el mismo Macrobús, que también son concesionados a particulares.
Ninguna autoridad se ha animado a tomar el control del transporte urbano y al contrario, han reducido progresivamente el parque oficial para darle preferencia al particular, dejando que sus dueños abusen del usuario como ellos quieran.
Quizás, para el gobierno en turno, se le haga muy cuesta arriba conseguir de un día para otro 6,000 unidades y dos choferes por cada una de ellas, para mandar a la chingada al pulpo camionero y terminar con sus abusos.
Ahí está el otro problema, no se necesitan tantos camiones como hay actualmente, que si son muchos es porque el mismo gobierno da los permisos como si nada, sin embargo, de los 6,000 autobuses que supuestamente hay en Guadalajara, varios de ellos están parados por descomposturas mecánicas, infracciones de tránsito o porque no hay quien los opere.
Fácilmente se podría prescindir de 1,000 camiones y el servicio no se afectaría y se podría reducir aún más si se redujeran las frecuencias en las rutas que no necesiten tanta; vemos que pasan y pasan camiones de un mismo derrotero con apenas 6 o 7 personas en su interior. Un desperdicio de espacio y combustible.
También se pueden reducir las rutas; es absurdo que haya dos, tres o hasta más derroteros que recorran los mismos lugares y sólo se diferencien por unas pocas cuadras de separación en su destino final. Antes la gente caminaba sin chistar unas 8-10 calles para llegar a la parada del camión y ahora queremos que pase por la puerta de nuestra casa.
Ordenando bien el sistema de transporte en Guadalajara, podría haber fácilmente unos 3,500 camiones circulando sin afectar a los pasajeros. Y a eso le agregamos que usamos camiones más bien cortos, de menos de 10 metros de largo, en vez de 13 o más como en otras ciudades, si optáramos por lo segundo, se reduciría aún más el número de unidades y se ahorraría en combustible, para beneficio del medio ambiente y todo esto, sin afectar el servicio.

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