Dos granos de incienso



Por el padre Miguel Ángel

Eran dos granos de incienso destinados a caer entre las brasas encendidas del incensario levantarse en forma de nube perfumada hasta el rostro mismo de Dios. Pero uno tuvo miedo, no quiso ser sacrificado y se lanzó al suelo y allí fue pisoteado y olvidado y quedó inútil. El otro en cambio se lanzó a las brasas ardientes, se deshizo en perfumado vapor y en forma de humo blanquísimo subió hasta Dios para interceder, agradecer y adorar por los seres humanos. Desapareció pero fue útil a la humanidad.
Cuando hace poco un judío se convirtió al catolicismo y sus antiguos compañeros de negocios le advertían lo imprudente que era dejar unas actividades comerciales que le producían el 6 por ciento mensual, él les respondió: "Como negociante en el mundo ganaba 6 por ciento mensual. Ahora que me dediqué a Cristo, estoy ganando el diez mil por ciento, por que El me prometió pagarme el ciento por uno en todo lo que deje por El. ¿No les parece que estoy haciendo ahora un negocio mucho mejor?
Jesús habla de Satanás y lo llama "Príncipe de este mundo" y anuncia que por la Pasión, Muerte y Resurrección del Redentor será echado fuera el enemigo de las almas. Ahora sí que se va a cumplir lo que el mismo Jesús había anunciado. El que dominaba una casa fue dominado por uno más fuerte que él y fue echado fuera de sus antiguas posesiones.
San Juan dice que Cristo vino al mundo para deshacer las obras del diablo.
Bendito sea el Señor que ha echado fuera a Satanás y lo seguirá echando perpetuamente. Sabemos que el enemigo ha pedido permiso para zarandearnos como se zarandea el trigo, pero nos consuela el saber que Cristo ora por nosotros para que nuestra fe no desfallezca.
Si llevamos una vida de egoísmo, pensando sólo en nuestros propios gustos y caprichos, nos vamos a parecer al grano de incienso que fue pisoteado, olvidado y quedó inútil.
En cambio, si dedicamos nuestra vida y gastando y desgastarla por los demás, entonces recibiremos lo que Cristo ha prometido cuando algunos de sus discípulos le dijeron que si lo habían dejado todo por seguirlo, cuál sería su recompensa y El les dijo que sería un premio muy grande sobre todo en la otra vida.

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