Que nos abra el entendimiento



Por el padre Miguel Ángel

El día que Jesucristo resucitó, sin duda la primera persona que fue a visitar es a la Santísima Virgen María, pues no podemos imaginar lo contrario. En seguida a María Magdalena y no podía faltar, la visita a quienes convivieron con él.
Después de saludar Jesucristo resucitado a sus discípulos, que estaban desconcertados y llenos de temor, y que creían ver un fantasma, les mostró las manos y los pies con las cicatrices de las llagas, les pidió comida y se puso a comer delante de ellos un trozo de pescado asado, y les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
Este es otro de los más prodigiosos regalos del Señor Resucitado. En adelante la Palabra de Dios ya no sería para ellos un libro cerrado y sellado con siete sellos, sino un mensaje del cielo que ellos iban a poder descifrar palabra por palabra ¡Qué regalazo de Pascua!
De todas las gracias que nosotros podamos pedir a Jesucristo resucitado, pocas nos podrían traer un cambio tan radical como ésta: "Qué nos abra el entendimiento para que podamos comprender las Escrituras".
Jesucristo lo hará por medio del Espíritu Santa, si le pedimos muchas veces tan grande favor.
El lo ha hecho con muchos discípulos, por ejemplo Francisco de Asís, dio su paso definitivo hacia la santidad el día en que logró comprender una página del Evangelio de San Lucas, en el capítulo 9, versículo 3 y siguientes: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni plata, y tengan un solo vestido".
San Bernardino cuenta que su conversión se debió a una gracia de Dios que le hizo amar y entender la Sagrada Bibilia.
Ha habido santas como Catalina de Siena, que sin haber hecho estudios especiales, comprendían con pasmosa sabiduría al Libro Santo, sólo porque Jesucristo les concedió la gracia tan grande.
Nosotros debemos pedir al Señor, que cada vez que abramos la Sagrada Biblia para leer una página, nos conceda el regalo de la Pascua:
"Abre nuestro entendimiento, para que podamos comprender las Escrituras".
Señor ¡Abrenos el entendimiento!
Para que:
-Ante esa silla que en la mesa familiar ha quedado vacía para siempre...
-Ante ese niño nuestro que... no es como todos los niños...
-Ante ese negocio en el que habíamos puesto todas nuestras esperanzas y ahora ya va para abajo...
-Ante esa cosecha que se nos malogró, porque no vinieron las lluvias...
-Ante ese muchacho que se nos fue de casa... y no sabemos en qué vaya a parar...
-Ante la enfermedad larga o incurable de ese ser querido...
-Ante la dificultad por encontrar empleo.
-Ante el desamor de esa persona que prometió amarnos toda la vida...
-Ante los sacrificios y angustias que pasamos para conseguir lo necesario para nuestros hijos...
-Ante el matrimonio de ese hijo o esa hija, que fracasó rotundamente...
-Ante esa soledad que con los años se va haciendo cada vez más difícil de sobrellevar...
-Ante las humillaciones que tenemos que soportar a veces por conservar el empleo... comprendamos que ser Cristiano es aguantar, padecer y morir, como Cristo aguantó, padeció y murió, para poder resucitar -por El- en la gloria eterna.

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