A la fiesta vino mucha gente, que de
Estados Unidos, de Guadalajara, de otros municipios aleteos -que se iban y
regresaban el mismo día-, que de otros estados del país. Que la hermana que
estudia o trabaja en otra ciudad, que el tío que hace mucho no venía pero que
recuerda la Tepabril con gran cariño, que el novio o novia que conocimos por
internet, que un amigo de la infancia que hace mucho que no vemos y lo volvimos
a encontrar por el Facebook y los invitamos y de paso se trajo a un montón de
compañeros de la escuela.
De los miles que vienen a Tepa estos
días, todos al regresar a sus lugares de residencia contarán o mostrarán las
fotos de cuando estuvieron en el palenque, en la Expo, en el centro viendo el
castillo por la noche o bailando con la banda tocando en la parte trasera de la
camioneta.
Muchos de los anteriores, por costumbre,
por devoción o simplemente curiosidad, no se perderán el famoso desfile de los
carros del Señor de la Misericordia, con pasajes personificados por gente con
características soñadas por la gente de aquí: blancos, altos, de ojos de
"color", cabello de güero si es posible o por lo menos medio cafecito
y en el caso de los hombres, con prominente barba.
Hasta parecen estrellas del cine o la
televisión los que desfilan.
Muchos sí se conmueven auténticamente al
ver la imagen del Señor, a pesar de que ésta se encuentra todo el año dentro de
su santuario y a pesar también de que Dios está en todos lados y no solamente
en un carro alegórico que tres días al año se pasea por la ciudad.
La otra cara de la moneda son los
peregrinos que vienen, en su mayoría de Guadalajara, a visitar la imagen del
Señor de la Misericordia. Gente con una fisonomía totalmente distinta de la de
los modelos que adornan los carros alegóricos de los días 27, 28 y 29 de abril.
Durante dos días, los caminantes se
enfrentan al sol, cansancio, lo agreste que se pone a veces el camino y
vehículos manejados por choferes poco conscientes que poco falta para que les
echen el carro encima.
Llegan a Tepa cojeando, deshidratados y
no pocas veces vomitando o desvaneciéndose. Denotan cansancio y mugre, lo que
pasa a segundo término, pues lo importante es que cumplieron.
A estos peregrinos, que también anhelan
que llegue abril cada año para ver al Señor, sólo les basta ver por unos
minutos la imagen sagrada, sin carros alegóricos, cánticos o gente bien
parecida y caracterizada a su alrededor.
La mayoría de los peregrinos cumplen con
ver al Señor y optan por regresarse a sus lugares de origen, ya sea en camión
foráneo o en algún vehículo particular conducido por un pariente de ellos. Tal
vez ni siquiera sepan que si se quedan en la noche, pueden disfrutar del teatro
del pueblo, el palenque, la expo o el castillo; para ellos, las fiestas del
Señor de la Misericordia significan ver al Señor y alegrarse por eso.
En fin, no tiene nada de malo divertirse
en las fiestas de abril y gastar a manos llenas, pues para eso esperamos
durante todo un año.
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