Tepatitlán en el Tiempo

Blanca

Por Juan Flores García

En aquel tiempo, cuando también los nopales costaban poco, cuando por dos centavos nos llenaban el plato de sabrosos nopales cocidos, ese sabroso alimento que para los pobres era el platillo obligado y para los pudientes un antojo, se escuchaba un pregón que decía: “los nopalitos cocidos”. “Los nopalitos tiernos, sin ganas… dan ganas… pero ¡ay, qué ganas…! “Blanca te traigo los nopalitos!”. Así pregonaba una muy querida señora, que Blanca le decíamos, porque con ese nombre llamaba ella a las amas de casa para que salieran a comprar aquellos tan limpios y tan bien cocidos nopales, que por la mañana y cargando sobre su cabeza una batea llena de ellos, recorría las escasas cuadras de nuestro pequeño poblado, que entonces era Tepa. Mujer de pequeña estatura, de ojos vivaces, limpia su persona. Con aquella entonación que ponía en su fina voz para anunciar su producto, se ganaba la vida en esta actividad. Mostraba esta señora su cariño especial por los chamacos, a los que contaba aquellos añorados cuentos. Sentada en el machuelo y rodeada de chamacos nos transmitía su relato. Calculo que su edad sería de unos sesenta años, cuando en su trajinar vendía nopales, trabajo que siguió haciendo hasta muy avanzada edad, posiblemente hasta cerca del siglo de edad: falleció hará unos treinta o treinta y cinco años, su último domicilio lo tuvo en una pequeña casita que había al lado del Zanjón del Diablo. Blanca fue su mote cariñoso, su nombre nunca lo supe. Fue una persona ilustre de aquellos tantos que habitaban en este Tepa.

Otro personaje que también dedicó parte de su existencia a la venta de nopales, fue Don Gorgonio; este señor de condición humilde también, se puede considerar como continuador en este quehacer de vender nopales cocidos, como lo hacía Blanca. Este señor dejó este mundo también a muy avanzada edad, hace unos pocos años. Para seguir en el negocio de los nopales cocidos, mencionaré a otra honorable persona, también ya desaparecida. Este señor de quien ignoro su nombre, vestía siempre un inconfundible pantalón de pechera de tela de mezclilla. Su grito o pregón era: “¡Nopales tiernitos, cocidos!”, cuando no estaban tiernitos, solo decía: “¡Nopales cocidos!”. La honradez de estas personas se manifestó hasta el final de sus días. No engañaban al cliente. Eran personas de otra época, la era de la palabra sostenida con el honor. Incapaces de obtener por medios ilícitos la utilidad de su trabajo. Este señor del pantalón de pechera, con más de noventa años de edad, caminaba calles y calles, ofreciendo su producto. Sostenía en el gasto diario, con el dinero que con su negocio obtenía, a una o unos nietos (no sé cuántos) ya mayores. Fue un servidor más de nuestra sociedad, y sin duda conoció y convivió con Don Gorgonio y con la dama de este relato Blanca. Con estos recuerdos de los tan sabrosos nopales decimos que así fue Tepa en el Tiempo.

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