La gorra bola

Por Juan Flores García

A este lugar que se llamó la Gorra Bola, en la esquina de Lerdo y Francisco I. Madero, acudíamos con don Ramón de Loza, quien trabajaba haciendo cabrillas para los animales de carga y aquellas puertas de madera que tanto lucían en las casas y que en algunas pocas aún se conservan hasta la fecha. Puertas de madera de fresno y de mezquite, hechas a mano con aquel esmero y dedicación de los carpinteros de aquel tiempo en que abundaban los artesanos.

En ese lugar llamado la Gorra Bola, se mandaban a hacer puertas y las cabrillas que se colocaban en el lomo de los burros. En estos animales se cargaba leña, los rastrojos de hoja, las viguetas que traían del cerro y los cántaros de agua. Este líquido que hoy se nos está acabando y que tanta gente indolente no aprecia y la deja tirar, ¡cuidémosla! ¿No creen?

El tiempo se encarga de hacernos olvidar lugares y nombres raros. ¿Por qué le llamábamos la Gorra Bola?, una versión que hay es, que en esa casa vivía un amigo que usaba una gorra como la que traía Francisco Villa. Es como el lugar que por Samartín y Allende se encontraba la piedra lisa, que tenía forma de silla, la que muchas personas usaron para descansar aunque fuera un momento.

Al mencionar a don Ramón de Loza, como carpintero recordamos con respeto y cariño a todos aquellos que fueron y son, los discípulos del señor San José. Que valiosos han sido sus trabajos, cada uno en su especialidad ha logrado verdaderas obras de arte. Don Casimiro Jáuregui, quien hizo las desaparecidas cómodas de la sacristía de la Parroquia de San Francisco. Don Cayetano Durán, don Felipe Vallejo, don Albino Vallejo, don Francisco Gómez que además fuera organista y cantor del templo de San Antonio, don Luciano Jáuregui, ebanista, Cristino Córdoba “levi” gran maestro que amueblara hogares que hiciera para los templos, aquellos enseres para el uso de Sacristías y Púlpitos ya desaparecidos de los templos, don Jesús Martínez, quien hizo todas las puertas del desaparecido mercado de nuestra ciudad, don Guadalupe González, y “el longanizo”.

Don Tomás Lupercio, y su hermano, que hacían unos trabajos muy bien hechos. José Padilla “Chepito”, que complacía con su trabajo a sus delicadas y exigentes clientas haciendo bastidores para que las damas confeccionaran sus delicados trabajos de costura.

No es mi intención omitir nombres de algunos maestros que al momento se escapan de mi memoria. Una persona de gran respeto mencionaré: don Mateo Iñiguez, a quien Dios, le dio la oportunidad de contarse como pionero de todos los maestros de la carpintería, el fue yerno de un célebre personaje, don Carlos Martínez, “Carlos Fierros”, don Mateo, solía asistir por el rumbo del mercado sentado en alguna banca, solitario y tímido, pero al conversar con él daba alegría a su existencia al recordar todo lo sucedido a lo largo de su vida.

Así mencionando a un viejo nombre la “Gorra Bola”, como se le conocía a ese rincón de nuestra ciudad, decimos que así fue Tepa en el tiempo.

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