El buche Naylon
Por don Juan Flores García
Por los años todavía del tres y dos, o por lo menos unos años más tarde, cuando las orejas, las patas, el hígado, el buche, y la pajarilla junto con el chicharrón de puerco se freían y se usaban de botana. Cuando las patas valían veinte centavos, era un gusto comprarlas cuando íbamos a Guadalajara, a visitar a los parientes, llevarles algunas, así como todas las botanas mencionadas, también aquellas patitas de marrano chico que tan sabrosas y blanditas (o sería que teníamos nuestra dentadura completa), el escaso es que con aquellas ganas le entrábamos a comer. Decía que por aquellos años, como por los cuarentas hubo una persona que se hizo famosa por la ocurrencia de vender por las calles de Tepa, en una batea de madera de las que usaban nuestras madres para hacer las tortillas, las había de varios tamaños así cargaba en la cabeza su batea llena de chicharrones, hígados y demás, pero en especial el buche.
Urbano Mora que era el nombre de nuestro personaje famoso de este relato, caminaba por nuestras calles tranquilas y casi solitarias. El grito para anunciar sus frituras era tan potente, que a varias cuadras de distancia se oía. Por la mañana a eso de las once, ya comenzaba a llevar a domicilio su apetitosa mercancía.
Las amas de casa salían a comprar el sabroso chicharrón, que remojado con agua con sal, quedaba blandito, fácil de comerse, todo era echarlos a la cazuela y ponerles el recaudo molido en aquél (desaparecido molcajete) y a comerlo sopeadito con la tortilla, ¡Ah que tiempos! Cuando este hombre empezó a comerciar su fritanga, el descubrimiento del nylon era una novedad, así que de nylon se empezaron a fabricar muchas cosas. Urbano Mora pensó que para estar de moda a la altura de tal descubrimiento había que anunciar su producto mencionando el nylon en su pregón. Urbano Mora gritaba ¡Llegó el buche nylon, no quieren o no traen! ¡Si no traen con qué, ahí después... comen! y allá iba, camina y camina. Por aquellos tiempos, cuando el taller de camiones de los Altos, tenían abundante personal, le consumían su "buche nylon". Caminando al parejo del tiempo creció nuestra ciudad. Abundaron los talleres, el lonche de las once lo llevaba el "Buche Nylon". Atentos a oír su grito allá por la Colonia Españita esperábamos impacientes. Por los años sesentas, todavía nos gastábamos el par de pesos para hacernos de un pedazo de botana picado en trozos de aquella menudencia frita. Por esos años, es posible dejara de trabajar por esos tiempos dejamos de oír su especial grito tan fuerte por las calles anunciando su llegada.
Con Urbano el famoso "Buche Nylon" vivimos otros años y con agrado recordamos. Su pregón quien conoció pero este quedó como frase popular "Si no traes, ahí después..." y no solo eso, su dicho es aplicado para ocasiones propias.
No cabe duda que los personajes que han dado su presencia en diferentes actividades, son ahora, los que en la página de la vida, se lee su nombre. Nosotros decimos que así fue Tepa en el tiempo.


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