San Diego de Alejandría: Las Pascuas, una gran experiencia

Por Oscar Maldonado Villalpando

Esta parroquia vivió una gran actividad religiosa y espiritual durante esta Semana Santa. Bajo la dirección el Padre Álvaro Lomelí y demás sacerdotes de la comunidad, se dio una atención muy cercana y novedosa.

Se conformó un gran equipo de asistencia formado por dos seminaristas muy trabajadores y apostólicos, Jesús Padilla y Agustín Guzmán, de Tierras Coloradas y tercer año de Filosofía y de la Gloria y 2º año, respectivamente, así como por tres incansables religiosas de Santa Ana, con sede en Tepatitlán, hermanas Sanjuana, Mary y Helena, con ellos colaboró un verdadero contingente de apóstoles seglares, no menos de 75, dispuestos a brindarse por el bien de sus hermanos. Al empezarse a dar los acontecimientos, al escuchar los planes, se antojaban increíbles. Muchos dudaban, otros casi se reían. Nunca se ha hecho así. Eso es mucha exigencia. ¡Qué encierren a los adolescentes y jóvenes, pasa, pero los matrimonios tenemos ocupaciones, trabajos, negocios, eso no puede ser, ese sacerdote no tiene pensamiento!

La base es el seguimiento de Jesús, profundizar en ser sus discípulos, ser conscientes de que todos hemos de ser misioneros. El jueves 20 de marzo de 2008, unos, otros y otros acudieron a las mesas de inscripción. Los matrimonios en el Santuario, en el auditorio, allí la madre Helena, el seminarista Jesús, los matrimonios responsables, recibieron al gran número de parejas. Es más, se ayudó estableciendo un grupo de Guardería, para estar al pendiente de los niños y que los papás y mamás se dedicaran al asunto más importante en la vida, la salvación del alma. En la parroquia, atendía la hermana Mary y el seminarista Agustín, con suficientes catequistas y servidoras, allí se apuntaron los adolescentes. En La Peñita, en los nuevos salones, se matricularon los jóvenes, con la dirección de la hermana Sanjuana y grandes colaboradores seglares, muchachos y muchachas. En estos lugares participaba también el pueblo en los distintos oficios de estos días, en el rancho de San Fernando sólo hubo oficios.

Por la tarde el lavatorio, la misa de institución, adoración del Santísimo, participación e los adoradores. Todo caminaba bien, Dios se encarga de suavizar los corazones. ¡Todo viento en popa, viento del Espíritu! El sacerdote responsable, se mostraba atrevido, exigente: Sean puntuales, no falten, no prendan la tele estos días… sean constantes, Dios espera su respuesta.

El Santo día del viernes de la pasión del Señor. ¡Nada de que no se puede! Nos vamos todos a la Peñita: Adolescentes, jóvenes y matrimonios. Todo puede esperar, vámonos en camión, camionetas o a pie, si no hay más. A las once. Se checaban las asistencias. La hermana Helena, admirada, felicitaba a sus matrimonios con la lista en la mano. No podemos resignarnos si no lo hemos intentado. La gente es capaz de responder, y lo estaba haciendo.

Un pequeño grupo, bien caracterizado, presidiría el viacrucis del Señor, todos a caminar. Un sol pleno y brillante, un viento libertino, un panorama transformado, horizontes de añoranza, allá el Tolimán, La Mesa Redonda, las Mesitas, El Palenque y el Chapín. Todos llevaban una pequeña cruz en la mano: Cristo Vive, Pascua 2008. Así, paso a paso, oración a oración, se iba dando la conversión, al menos las personas dedicaban su tiempo a contemplar el misterio divino. Una gran participación, disponibilidad de estas personas. Los criterios empezaban a cambiar, vale la pena, tiene razón el padre, es la voluntad de Dios. Actividades variadas, organización dinámica. Nada de aburrimiento.

A medio día se escenificó el Viacrucis para todo el pueblo, con cuadros muy vistosos y lucidos, caminaron de la parroquia al Santuario, mucha participación. En la resurrección resonaron por todo el pueblo las campanas de gloria, los cohetes y el aleluya de Hendel. Día de ayuno, habas, lentejas, capirotada.

A las tres de la tarde de este día de la muerte del Señor, fueron los oficios, la pasión, oraciones, besar la cruz, recibir la Eucaristía. El Padre Juan Pérez apenas podía atender los cientos de gentes en el Santuario, podrían ser hasta mil participantes, por las calles vecinas, cosa rara, no había un lugar para estacionamiento.

Noche única
Las calles sin luz, el núcleo de la marcha del silencio eran matrimonios, adolescentes y jóvenes, ruido de cadenas, toque de tambores, trajes negros, los ojos se estiran en la obscuridad, deambulan bultos, los remisos salen a la puerta, al fin, casi todo el pueblo participa. La marcha llega al barrio de La Santa Cruz, allí en la pequeña plaza, las religiosas y los seminaristas inician el rosario con flagrantes imágenes de la pasión del Señor. Algunas personas conmovidas, lloraban en su intimidad. Nuevamente, todas las personas acudían a una voz con tanta docilidad, con tanta unción y espíritu de fe. ¡Está calidad espiritual… sabemos que existe en nuestra gente! ¿Qué hemos hecho con ella? Esperamos tanto tiempo para palparla, para participar de ella… Allá la luna se levantó, primero roja, luego blanca, blanca… el viento algo frío, en un descuido la cruz parecía venirse encima, estaba empujando la pantalla hasta que la sostuvieron. Sean constantes, los felicito, decía el Sacerdote, hagan el esfuerzo, no prendan
la televisión hoy, es la muerte del Señor, es el acompañamiento al dolor de María.

Niños, jóvenes y adultos, como allá en Jerusalén, se fueron retirando, poco a poco, con un sentimiento… con una fe, con una nueva luz, con un propósito… seguir en las Pascuas. Rosario del pésame en el templo.

Sábado Santo, junto al sepulcro, con el dolor de María
Los seminaristas a carreras, exigencias, las religiosas haciendo encargos, disponiendo lo necesario, pidiendo favores, mandando… A las once de la mañana, nuevamente concentración general en La Peñita: matrimonios, jóvenes y adolescentes. Por el campo, Viacrucis del Recuerdo o Vía Matris, recorren en sentido contrario las estaciones. Aquí depositaron el cuerpo de mi hijo… cuando murió, lo clavaron, etc. Ahora sin personajes, sólo cantos, sólo oraciones. El polvo se levantaba al caminar, las señoras con su quitasol, todos con respeto. Al terminar, reunión en el templo de La Peñita. Felicitaciones, avisos, organización, propósitos. Fortalecer los grupos de adolescentes, jóvenes y matrimonios. El señor don Martín Padilla se adelanta y pide la palabra: Tenía razón, padre, le agradecemos tanto, esto está muy bien, disculpe, no sabíamos de qué se trataba, gracias a los seminaristas, gracias a las religiosas, qué Dios les pague. Luego todos a comer, aunque no revueltos, cada quien siguiendo su horario, en las palapas, los matrimonios compartieron los frijolitos, el mole, las ensaladas, el pollo, las frutas, el agua fresca, es delicioso ¡si así lo hiciéramos siempre! Qué contentos, nada faltaría… esperemos. Luego se organizó un animado festival popular, hasta la madre Sanjuana cantó: ¿cariñito dónde te hayas… con quién te andarás paseando? Simplemente… una canción. Brincos, porras, cantos, batería…

Luego, a preparar lo que sigue, rosario de la misericordia, y lo que se necesita para la gran Vigilia. Allá en la Peñita, la lumbrada a los cuatro vientos y las tantas oscuridades… en el Santuario de Guadalupe, mucha creatividad, de pronto el chiquillo grita “¡A jijo!…” una paloma de fuego baja, como rayo, y enciende la gran fogata… ideas del seminarista Chuy con un envase de aluminio. Bendición del fuego, el agua, canto del Pregón, ese precioso himno-resumen de La Historia de La Salvación. Lecturas claves, gloria, ¡se abre, ahora sí la gloria!… aleluyas que se levantan del pueblo cristiano. Renovación, promesas, agua bendita… Pan Celestial. Los jóvenes con porras, cantos, vivas, pasan un tiempo en la lunada, alrededor de la fogata.

El Domingo por excelencia
Sonrisas, aleluyas, gozo… abrazos. ¡Pero… también nostalgia! ¿Cómo que se ha acabado todo? Ya se van los seminaristas. Y es admirable la participación, la generosidad, las familias se echaron el cargo de atender a los seminaristas en sus alimentos, en el aseo de su ropa y en el respaldo irrestricto a todas sus actividades, así mismo a las religiosas. Es que no se había intentado antes, pero se puede.

Este domingo la misa de clausura fue en La Peñita a la 1.30.Se notaba el trabajo secreto, profundo del Espíritu en los corazones. Al final, la comida, todos como hermanos, todos en buena voluntad. En este proyecto, no había mala fe, no había deseos de molestar; más bien es la misión que Dios tiene para todos, es la oportunidad de ser sus discípulos, es la exigencia de ir con Él. Esa fuerza es la que hizo desbordarse como nunca a esta comunidad. Y claro, bien sabemos, que es un comienzo… que falta mucho.

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