Dios sigue haciendo milagros

Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Un joven que emigró con su familia de Estados Unidos a Australia, mientras caminaba un día hacia su casa regresando del trabajo, se encontró con cinco delincuentes que lo atacaron.

Con sus botas y manolas de acero golpearon su rostro y todo su cuerpo, dejándolo al borde de la muerte.

Cuando la policía lo encontró tirado en el camino, asumieron que ya estaba muerto y llamaron a la camioneta de la funeraria. En el trayecto hacia la funeraria uno de los policías lo escuchó aspirar roncamente buscando aire y de inmediato lo trasladaron a la unidad de emergencia del hospital.

Cuando fue colocado en una de las camillas, una de las enfermeras mencionó con horror que este joven ya no tenía rostro. Sus ojos habían sido golpeados terriblemente, su cráneo, sus piernas y sus brazos estaban fracturados, su nariz estaba, literalmente, colgando de su cara, todos sus dientes habían desaparecido y los huesos de su mandíbula fueron separados de la estructura del cráneo.

Aunque salvó su vida, pasó un año en el hospital. Cuando finalmente salió del hospital, su cuerpo, a pesar de que había curado, tenía un rostro que producía rechazo ante los que se le cruzaban. Ya no era aquel joven apuesto que todos habían admirado.

Cuando el joven empezó a buscar trabajo fue rechazado repetidamente en todos lados, debido al aspecto repulsivo de su apariencia.

Un día, este joven pasó frente a una iglesia y buscando algo de paz, entró. Después de escuchar sus lamentos un sacerdote se le acerca.

Este sacerdote sintió mucha lástima por el y lo llevó hasta la rectoría donde hablaron por largo tiempo. El sacerdote se impresionó tanto con este joven que le dijo que haría todo lo que estuviera a su alcance para ayudar a restaurarle el rostro, su dignidad y su vida, siempre y cuando el joven prometiera convertirse en un católico ejemplar y que confiara que la piedad de Dios lo libraría de ese tormento. El joven asistió desde entonces, cada día a los servicios religiosos donde le agradecía a Dios por salvarle la vida y le pedía, tan sólo, que le diera paz mental y la gracia para convertirse en el mejor hombre que él pudiera llegar a ser a los ojos de Dios.

El sacerdote, a través de sus contactos personales, consiguió los servicios del mejor cirujano plástico en Australia. No habría costo alguno para el joven, debido a que el doctor era un gran amigo del sacerdote. El doctor también se impresionó tanto por el joven, quien miraba ahora la vida con tanta alegría, esperanza y amor a pesar de la horrible experiencia que había sufrido.

La cirugía fue todo un éxito. Se le hizo también el mejor trabajo de reconstrucción dental.

Este joven se convirtió en todo lo que le prometió a Dios que sería. También fue bendecido abundantemente con una hermosa y maravillosa esposa y muchos hijos. Además alcanzó un éxito impresionante en una carrera en la que sin duda hubiese sido el último en encontrar éxito si no hubiese sido por la Gracia de Dios y el amor de las personas que se preocupan por él.

Este joven es Mel Gibson y su vida ha servido de inspiración para la película “El hombre sin rostro” “La Pasión” y otras.

Esto nos enseña que Dios siempre está dispuesto a ayudarnos en las pruebas y en las situaciones difíciles. Él siempre se encuentra allí para fortalecernos en cada lugar, en cada persona que encontramos en nuestro camino, por eso cada día hay que orar, ya que al final de cada sendero espinoso encontraremos nuestra recompensa más grande que será el de reconocer la obra y el Rostro de Dios.

Publicar un comentario

0 Comentarios