Un parque

Por Juan Flores García

Para las familias que tuvimos la suerte de vivir en Guadalajara cuando niños, pasados aquellos malos tiempos de la cristiada para reponernos de la mala vida que pasamos en tres años, unos más adoloridos que otros por haber perdido algún familiar. Hemos contado que llegando buscamos acomodo para vivir en algún barrio, de preferencia, el de San Juan de Dios por quedarnos cerca del mercado del mismo nombre, y todo a la mano para no batallar. El acomodo para encontrar trabajo, no era tan fácil, pues era mucha la gente que de todos los pueblos llegaba, sobre todo, de los altos.

Pero una vez acomodados, nos curábamos del hambre que habíamos sufrido y, a los chamacos, nos buscaban una escuela. En la parroquia de San Juan de Dios, había una escuela a escondidas, les cobraban a nuestros padres, dos pesos al mes y todavía nos daban la pizarra y pizarrín donde con esto escribíamos en las clases -este material de color negro azulado fácilmente divisible en hojas planas y con marco, el pizarrín, una barrita como lápiz- con este manual, no gastábamos en cuadernos que costaban a dos centavos y no los teníamos.

Asistíamos a la escuela a escondidas, porque todavía nuestros padres, no aceptaban mandarnos a la escuela oficial. Nos daban clases señoritas preparadas, escolarizadas, que ponían mucha atención en que aprendiéramos. El tiempo no se prestaba todavía para tener la libertad de escoger. Por ese tiempo, 1932, estaba cercano el final, el final de la Penitenciaría de Escobedo que hemos varias veces hablado que el final de su existencia en 1933, que al desaparecer dejó un baldío. En ese entonces ya se empezaban a saborear los logros de la Revolución de 1910, y ya terminada La Revolución Cristera en 1929 según los polémicos “arreglos” y en la alegría política pensaron las autoridades dedicar parte de este baldío a la construcción de un parque.

En aquel entonces fue el más novedoso de los jardines de Guadalajara, que su obra se inició en agosto de 1934, ya en 1932 el Congreso del Estado había aprobado una partida de 25,000.00 veinticinco mil pesos para la construcción del dicho parque. Estaba constituido por dos manzanas, divididas las dos por la calle de Juárez. Un vecino que era maestro albañil de este parque que la constructora “Barragán y Garibi” cooperaron para su construcción el gobierno del estado, el municipal y vecinos propietarios de fincas lindantes.

A la mitad de la calle de Juárez, a la mitad de esta división, se encontraba una glorieta de forma circular de unos veinte metros de diámetro adornada por un prado en el que lucían una gran variedad de flores, era nombrada por los jóvenes de esa tapatíos de esos años “el ombligo del parque”, esta glorieta se suprimió después de años para dar más espacio al tránsito vehicular.

Había en las dos manzanas fuentes de formas y tamaños, y había en la de la esquina sureste un área destinada a juegos infantiles, construcción circular de unos 40 metros de diámetro, que se limitaba por una barda de unos dos metros de altura la que estaba decorada en todo su espacio por una serie de triángulos de lados iguales, de base inferior, cerrado más o menos hasta la mitad, dejando abierto otro pequeño triángulo en su parte superior a manera de ventana, contaba con una amplia puerta de ingreso con un bonito cancel abierto al lado interno en su jardín.

En su interior había un espacio encementado en terminado liso, de unos cinco metros de ancho, en el que se patinaba, y dentro del redondel estaban los juegos infantiles que consistían: en bimbaletes, resbaladeros, argollas y columpios para diversión de los niños, y tenía además bancas para que se sentaran las mamás o nanas para cuidarlos.

En la manzana situada al norte hay una especie de quiosco, sin techo, con un barandal tabular de fierro, de los que serían pilares, pintados en plateado con cuatro lámparas luminosas, así como todas las luminarias colocadas en el parque. Colocadas en toda la periferia del parque y andadores, las bancas de concreto, estas han sido de color amarillo la parte del respaldo y asiento y los brazos de color rojo, y las mas cómodas de todos los parques y jardines.

Bien recomendado ha sido este Parque Revolución disfrutando desde su inauguración en febrero de 1935 por el entonces gobernador del Estado Sebastián Allende, que esperamos ya no sea reducido, porque los tiempos han cambiado, pero nuestro pasado no ha desaparecido. Y con esto decimos que así fue Tepa en el tiempo.

Agradecemos sus comentarios a jofloreso@prodigy.net.mx

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