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Por Fabiola González Ontiveros
Cuando estaba en la primaria recuerdo que no era muy participativa que digamos para los festivales y esas cosas en las que te veía toda la escuela y hasta los padres de familia, dentro del salón era bastante extrovertida pero no bailaba ni recitaba poesías ni nada por el estilo si no me lo pedían, y lo hacía porque nunca he sabido como zafarme de esas cosas, pero al menos que se tratara sólo de estar en la escolta me sentía bastante ridícula haciendo todo ese tipo de cosas.
Mi sobrina es todo lo contrario, para cualquier cosa ella dice que quiere participar, así que la semana pasada que su escuela cumplió quince años sin dudar le dijo a la profesora que ella quería bailar.
Según me la platicaron sería una fiesta en grande para la escuela, así que fuimos a ver bailar a mi sobrina y pues ya todo el relajo que se armaría.
Ya había olvidado lo que son los festejos de la primaria así que lo recordé de manera diferente, no al frente como cuando era alumna, sino como espectadora.
Primero los honores a la bandera, con el recorrido de la escolta así todos orgullosos de estar ahí, recuerdo que me encantaba estar en la escolta, en cualquier lado, menos cargando la bandera, porque no la podía, pero yo comprendía los nervios de esos 6 niños que se peinaban y arreglaban sus uniformes antes de los honores, porque querían que saliera perfecto, más en una fecha importante como los 15 años de la escuela.
Presentaron una obra de teatro muy bonita en la que los niños representaban la fundación de la escuela diciendo por todo lo que tuvieron que pasar para llegar a ser lo que es ahora, que a los niños que se inscribieron al principio les pedían que llevaran una silla y una mesita para ellos porque no tenían ni muebles para comenzar.
Esa obra me pareció algo bonito porque muchas veces uno no se sabe ni la historia de donde estudia, yo no me sé la historia de la primaria en la que estudié, y aunque se entretuvieron bastante así fueron pasando una a una las actividades que se tenían planeadas. Llegó luego la banda tocando las mañanitas y poniendo a los pequeñitos a bailar, los que estábamos de mirones no bailábamos porque en su mayoría eran madres de familia y ni modo que se pusieran a bailar solas…
Había un montón de cosas para comer y en una de esas hasta a mi mamá y a mí nos tocó vender el atole, ahí estuvimos paraditas una hora y media hasta que se acabó, a un ladito del puesto de los tamales para que se les antojara cualquiera de las dos con el frío que más o menos estaba haciendo.
Por andar de comerciante ni vi a mi sobrina bailar su acto, pero como la tecnología es bien chida le tomaron un video que vi en primera fila sentadita en mi computadora, así que igual pude disfrutar del bailable que presentaron.
Todo estuvo bien padre, los niños se divirtieron mucho y los papás pues yo creo que también les gustó mucho ver a sus hijos en escena. ¡Felicidades a la primaria Francisco Medina Ascencio por sus quince años!...y los que les quedan.


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