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Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca.
Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.
Entonces un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.
Cada obstáculo representa una oportunidad para mejorar la condición de uno.
Los obstáculos que se colocan a los atletas que compiten en las olimpiadas no son para que se caigan y se fracturen una pierna o un brazo, sino para que los brinquen y sigan adelante su carrera hasta llegar a la meta. De la misma manera nosotros nos vamos encontrando obstáculos y dificultades que nos estorban en nuestro camino hacia la salvación eterna, como puede ser una mala amistad o una película inmoral, pero con la ayuda de Dios y nuestro empeño podemos ir superando todo.
Es muy importante que los papás y mamás enseñen a sus hijos desde pequeños a valerse por sí mismos, sin esperar que todo se lo den hecho, por ejemplo recoger la ropa sucia, ayudar en los quehaceres de la casa, tender la cama y tantas cosas más.


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