Por Oscar Maldonado Villalpando
Cuando las fechas llegan, hacen que renazcan acontecimientos muy sobresalientes. De por si agosto es muy distinguido, las aguas, las milpas el campo intensamente verde. ¿Y qué decir del día 15 de agosto una celebración jubilosa, la Asunción de la Virgen al cielo?
En 1928 San Diego de Alejandría vivía algo muy intenso, muy notable. Muchos feligreses de esta parroquia estaban en pie de lucha. El comandante de la zona era el Coronel don Toribio Valadez. Sobresalían de ese contingente algunos cristeros por sus cualidades, uno de ellos era el capitán Guadalupe Martínez, y con él, el capitán J. Refugio Mena, que lo acompañaba en calidad de asistente.
Guadalupe Martínez tenía sus grandes méritos, se había hecho notar en los combates e infundía temor en las filas enemigas. Era un caudillo popular, arriesgado, echado para delante siempre. Ellos dos solos planearon una acometida a los soldados, en la acción no corrieron con fortuna y murieron el día 10 de septiembre de 1928.
Ramón Parada y la Asunción Pero un mes antes, sucedió que un hombre bueno, que no andaba peleando, que era maestro, carpintero y dulcero, Ramón Parada, fue señalado como culpable para herir al pueblo y fue injustamente asesinado frente a su esposa y sus hijos. Esto sucedía el 14 de agosto de 1928. Y su muerte bien puede hacernos pensar en el cariño popular a la Virgen. Él vivía intensamente la religiosidad cristiana.
Bueno para rezar el rosario, para cantar alabanzas a María. Este es un gran recuerdo que vive el pueblo de San Diego de Alejandría, que las generaciones de jóvenes, no conocen cada vez más, pero que es una vivencia muy querida de los mayores. Ramón Parada ha sido un amable recuerdo y una ofrenda generosa a los más altos valores humanos, los de la fe.
Para el 13 de agosto las gentes bajan la imagen de la Virgen y la cubren de flores, representan su muerte. Rezan y cantan a su alrededor, la Virgen se levanta y es llevada junto a su hijo glorificado. El 1 de noviembre de 1950, la Iglesia, solemnemente, reconoció este misterio como norma de fe. Lo dice en la Constitución Munificentissimus Deus de Pío XII. (Dios sumamente obsequioso o generoso, el que hace regalos por excelencia) “Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, consumado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celeste” Desde antes este pueblo vivía la plenitud de ese gozo, de ese triunfo.
Así que estos días recuerdan cosas, hechos muy valiosos. El valores de los cristeros, el testimonio de buenos cristianos como Ramón Parada que entregó su vida por amor a la Virgen, y el gozo del triunfo de N. Señora, que marca el camino de todo buen cristiano.


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