¿Para qué te alcanzan 230 millones y 110 mil
habitantes?
Bueno, iniciamos el año con las mismas
preocupaciones con las que cerramos el año pasado.
Cunde entre
nuestra población una extraña sensación de inseguridad.
¿Será por
los levantones?
¿Será por
los asesinatos?
¿Será acaso
por los robos a casas habitación?
¿Será por
las muertes en accidentes con automotores?
Puede ser alguna de esas, todas juntas o
ninguna de las respuestas. Pero de que priva entre la sociedad una percepción
de que andan las cosas mal, de eso, nadie duda.
Este será un verdadero problema para Jorge
Eduardo González, el alcalde de Tepa.
Alguien
-pareciera-, le vendió miedo al alcalde.
Van apenas 100 días de su administración y
Jorge Eduardo ya trae muchos guardias personales, igual que su antecesora.
Apenas van comenzando el año y su cuarto mes
en el poder y las señales que lanza el alcalde es que la ciudad es muy
insegura, ¿serán necesarios varios guardaespaldas por personaje, por
funcionario?
Alguien –insisto-, parece haberle vendido
miedo a la autoridad y ella lo compra. Se encierra y no atiende –dicen- a los
ciudadanos; y no busca el alcalde o alguien de su equipo, blindarse y blindar a
su gobierno con pueblo.
Ante los escandalosos hechos violentos de las
últimas semanas, la autoridad ha optado por la posición de avestruz. Y esa
inclinación pone muy vulnerable a la autoridad, y provoca pánico entre el
ciudadano de a pié, quien no encuentra cómo cobijarse por la percepción de
inseguridad.
El tema de la violencia no es propiedad de la
autoridad.
Nadie en su sano juicio podrá achacarle el
asunto de la inseguridad, exclusivamente,
a un gobernante. Nadie sensato podría culpar a un alcalde de la ola
violenta que se registra en nuestro país y que ni el cambio de gobierno ni el
año nuevo disiparon por arte de magia.
El asunto es muy delicado.
La
estrategia de seguridad y protección a la sociedad es algo tan delicado, tan
frágil, tan serio, que no se lo podemos dejar a los políticos. Ellos traen información,
guardaespaldas, tienen poder. El ciudadano está huérfano, cobijado por su
suerte. Ahí llevamos la desventaja.
Aunque no es su culpa, Jorge Eduardo tiene la
responsabilidad de atender el asunto de la inseguridad. Debería ya estar
convocando a reuniones con sectores sociales, pidiendo consejos, tejiendo
socialmente las propuestas, involucrando a la gente. Si no hubiera soluciones,
por lo menos, dejaría la percepción de ser un gobernante sensible, responsable,
atento a los mensajes sociales, no sólo de su teléfono rojo.
Feliz año
nuevo, amable lector.
Feliz año
también para el alcalde y su equipo de seguridad. Si el alcalde tiene un buen
año, lo tendremos también los habitantes.
Si mal le va al alcalde, más nos valiera no
estar en este pueblo…



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