Formación



Soy, siento, vivo…

Esta semana se ha dicho mucho ya, sobre el magisterio, sus presupuestos, los sueldos, los alcances, las presiones, las manifestaciones, las posiciones, las fiestas, las trayectorias.

 Todo lo que implica el “Día del Maestro”.

 Por supuesto que no abundaremos en esas polémicas cifras y sus interpretaciones.

 Sólo compartiremos una reflexión sobre cómo, a nuestro juicio, ha evolucionado toda actividad humana y, por ende, el magisterio.

 Hace ya muchos años, las actividades sociales se realizaban por gusto, por afición; la ambición, la mercadotecnia o la economía, han trastornado el rol de cada oficio, lo han (lo hemos) convertido en profesión y, luego, en chamba.

 Así, por ejemplo, en el ámbito deportivo, el futbol soccer, en un principio fue deporte. La gente buscaba practicar el balompié para hacer ejercicio. Luego pasó a ser un espectáculo; se pensó en cómo atraer al público, cómo llenar los estadios. La evolución llevó al futbol a convertirse ya, en nuestros días, en un simple negocio. La gran mayoría de los futbolistas que aspiran a entrar a las grandes ligas, lo hacen por el billete que recibirán a cambio de “jugar” un partido. Se perdió el gusto, el disfrute y llegó el negocio, la transacción, la ventaja, la utilidad.

 Igual que en ese ámbito; en la educación mexicana pasó lo mismo.

 En aquellas décadas del siglo pasado, cuando la tarea era titánica para educar a los niños y a los jóvenes, el Magisterio era una vocación. No cualquiera se atrevía a caminar kilómetros para ir a “cuidar chilpayates”.

 Luego el Magisterio pasó de ser una vocación a una profesión.

 Lo hicieron carrera profesional, como cualquier otra actividad económica, como ser ingeniero, mecánico, agrónomo o futbolista. Se masificó el gremio y se partidizó, comenzó a echarse a perder.

 En la vorágine económica de las últimas décadas en nuestro país, el magisterio pasó de ser una vocación a ser una profesión y, de ahí, a ser un negocio. A muchos profes no les alcanzaba el sueldo y buscaron dos plazas; algunos buscaron una plaza Sindical, y luego una Comisión y, a través del Sindicato y de sus Comisiones, hasta tres plazas y, de pilón, un cargo público.

 Así fue, creo yo, como se fue pudriendo nuestro sistema educativo mexicano, cuando evolucionó para convertirse en una simple chamba, en una oportunidad para ganar dinero, para alcanzar el poder, para poder alcanzar con el dinero.

 Por eso, cuando el profe se queja hoy en día de que no le pagan lo justo, tal vez escuchamos como respuestas simplonas: “Búscate otra chamba”. Y sí, estamos en la era de la utilidad, por eso deberíamos volver a la época donde los oficios se practicaban para ser y no para tener.

 Creo y tal vez me falta toda razón, que el Magisterio, como ninguna otra actividad social, debería sustentarse en vocaciones y no en profesiones.


 Feliz Día para aquellos que van al salón sin fijarse cuánto les aumentó el cheque de la quincena, aunque la economía nos obligue a fijarse más en el cheque, que en el pizarrón.

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