Por Oscar Maldonado Villalpando
Bruno Mendoza pertenece a esta tierra de San Diego de Alejandría, en el rancho del Santo Niño, que está al morir la cuesta del Cañón de Jalpa, y mira hacia Arandas. Nace el 1 de febrero de 1928, en plena persecución cristera. Sus papás tuvieron que dejar el rancho porque su ubica en los territorios más frecuentados por los cristeros y por lo tanto por donde más los perseguían las tropas federales.
Eso hizo que el niño tuviera que nacer en Guadalajara en forma emergente. Ya en 1929 las familias regresaron. La familia de don Bruno y de doña Lucía Cabrera, fue una familia numerosa. Don Bruno era un hombre muy respetado, trabajador y honrado. Tanto sus hijos como sus hijas son de complexión delgada y muy altos. El jovencito sintió inclinación por la vida sacerdotal y empezó sus estudios en el seminario de Lagos de Moreno, luego en San Juan de los Lagos, de ahí pasó a Guadalajara todo esto en los años de 1940 en adelante. Era un alumno muy diligente en sus estudios, de buen comportamiento y buena presencia. Se especializó en el servicio al altar como director de las ceremonias del Seminario de Guadalajara.
El 20 de noviembre de 1950, se estrenó el Seminario Mayor de Chapalita, y precisamente el Seminarista Bruno Mendoza acompaña al Cardenal invitado, Guillermo Piani, en la bendición de esta nueva casa. En ella el candidato al Sacerdocio vivió los dos últimos años de su carrera. El día 1º de noviembre de 1952 recibió la ordenación sacerdotal de manos del Serñor Arzobispo don José Garibi Rivera, de feliz memoria.
El primer destino del P. Bruno fue en San Miguel el Alto donde fue muy apreciado. Después de unos años de ministerio, fue elegido para ser superior del Seminario de San Juan donde había estudiado, y se le encomendó también el barrio de La Sangre de Cristo, pasando el río hacia Jalostotitlán. Por 1960 da clases y es director espiritual en el Seminario. Durante muchos años se dedica a la formación de los sacerdotes, ya en 1972, cuando se da la creación de la diócesis de San Juan, recibe encomiendas importantes en la nueva Catedral. Es quien dirige de forma elegante las celebraciones especiales en la Basílica de la Virgen de San Juan.
Luego es nombrado canónigo de la misma Catedral, y prácticamente desde entonces, casi cuarenta años, vive a las plantas de la Virgen de San Juan. Ahí celebra su aniversario de Bodas de Oro en 2002. Prácticamente toda una vida en este hermoso ministerio. En el tiempo que se consolida la nueva diócesis recibe importantes cargos y forma un equipo básico que ayuda a los primeros obispos, Señor Núño, Sr. Sepúlveda, en la forja de esta naciente Iglesia. Con él se distinguen sacerdotes como don J. Guadalupe Becerra, don Gabriel Velázquez, don Miguel Ramos, don Salvador Zúñiga, don José Mejía, entre tantos otros.
Y en San Diego de Alejandría participó, con el P. Demetrio Mena, en la construcción del Santuario de La Peñita dedicado a Cristo Rey, Señor de los Cristeros. Y cada semana gustaba de regresar al rumbo de su origen en el rancho del Santo Niño, en el Cañón, especialmente visitaba a su hermano Manuel que le ayudaba en la administración de su casa y de sus cosas en el rancho. En el tiempo de la cristera, había una casita a medio cerro donde eran atendidos los heridos de los Cristeros, esa casi la arregló el P. Bruno y permanece como un símbolo y recuerdo de aquella época tan especial.
Con la edad, en los últimos años, se presentaron algunas limitaciones, problemas de salud. Se distinguió el P. Bruno por un trato muy respetuoso, agradable, asequible para con todos. Como buen maestro y superior del Seminario dejó sus enseñanzas y ejemplo en muchas generaciones de alumnos sacerdotes y laicos del Seminario de San Juan.
En forma sorpresiva, el día del inicio de la primavera, 21 de marzo de 2014, el P. Bruno fue llamado a la casa del Padre y así terminaba una historia muy positiva y ejemplar, de un predilecto de San Diego de Alejandría.


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