Colores



Para las quincenas se pintan solos…

 Debe ser frustrante, o por lo menos incómodo.
 Me percato de algunas aficiones de personas que trabajan en el gobierno por esa herramienta de chismorreo en que se convierte el Facebook.
 Y es gracias a ese portal de información inútil o de comunicación instantánea –como cada quien la quiera catalogar-, que damos cuenta hasta cuáles son las aficiones o gustos más íntimos de quienes transitan por esa amplia carretera del “caralibro”.
 Hace una año, personajes más que identificados con el panismo, dejaban sentir sus comentarios, filias y fobias sobre ciertos personajes copetudos de la política nacional.
 En aquellos años y durante la campaña, todo lo que ciertas personas “posteaban” eran imágenes, slogans, señales, cuestionamientos hacia el PRI y sus candidatos.
 No tendría nada de extraordinario ese tipo de publicaciones en las redes. Cualquiera puede crear una cuenta y transitar por ese espacio. Nada tendría de extraordinario, de no ser que sus chambas eran –lo son- en el gobierno, sea federal o estatal.
 Y cuando se dan los resultados electorales, y luego la asunción del poder y con ello el cambio de funcionarios y de estrategias, y de discursos y de colores, pues como que la picazón comienza a hacer roncha.
 Hoy, a varios meses de distancia, vuelvo a encontrar, de pronto, aquellas cuentas en el Facebook que maldecían a los priístas, a los dinosaurios, a todo lo que no fuera o no dependiera del panismo o de sus candidatos, y luego, los colores y las imágenes se han tornado rojizas.
 Eso me lleva a la reflexión de lo incómodo que debe ser para esos “defensores” del panismo, tener qué llevar los colores de “sus enemigos”… y todo por no dejar… de comer.
 Debe ser frustrante verse en la disyuntiva entre dar testimonio de congruencia doctrinaria partidista o llevar el chivo a casa.
 Debe ser un verdadero infierno interno tener que portar una camisa con letras rojas, cuando el corazón sigue siendo azul.
 Y lo peor, debe ser incómodo para ese ejército de funcionarios que se hicieron en las filias azules, tener qué defender ahora los programas priístas. Tener qué tender la mano a los “enemigos” para que los programas “bajen”, para que siga la chamba y para que la quincena aparezca en el cheque o en la cuenta personal.
 Con estas intrascendentes imágenes de quienes ahora me encuentro en el “face”, me convenzo más que, al margen de las filias y fobias partidistas, cuando la gente llega al ejercicio del poder, lo último que debiera manifestar es esa insana práctica de colorear los programas, las acciones o hasta las frases.
 Los partidos van y vienen, sobre todo en la democracia. Los colores de los partidos son maleables.
El gobierno es permanente.
Podremos vivir sin partidos, pero no sin gobierno.
Para qué quitarle el valor a los colores, poniéndoles apellidos de políticos.
Dejemos vivos los colores y también dejemos que los políticos, por sí mismos den color.

Lo que hace la necesidad… de una quincena.

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