Para entendernos, pueden
bastar nuestros silencios…
En el ejercicio público, la autoridad
puede o no atender a las voces del pueblo.
La gente del gobierno tiene la opción
de escuchar o no escuchar. Atender o desatender. Responder a las
preguntas o guardar silencio. La gente del gobierno tiene el poder y
lo puede o no ejercer.
En contraste, el pueblo puede ser
escuchado o no escuchado, pero de que habla, no hay duda.
La gente puede tener juicios
equivocados, la autoridad no puede equivocarse en sus juicios.
El gobierno puede resolver las
peticiones del pueblo o puede ignorarlo.
Esa es la posibilidad que tiene el
gobierno y la ejerce. Ese es el poder del gobierno.
La población tiene otro tipo de
poderes.
El pueblo, cuando llegue el momento,
recordará las voces, pero también los silencios que
recibió cuando preguntaba, cuando dudaba, cuando requería
orientación y respuesta.
En este plano, los del gobierno de
Tepatitlán están arriesgando lo mucho por lo poco. Lo que pudieran
ser temas simples, los complican. Lo que pudiera resolverse con
participación ciudadana, lo enredan con simulaciones y
oscurantismos.
¿Qué necesidad tienen los
gobernantes de disimular la asignación de beneficios de las compras
municipales?
¿Para qué jugarse la fama con la
instalación de una pista de hielo costosa, populista e innecesaria?
¿Para qué insistir en comprar
programas de cómputo para la contabilidad de gobierno que sobrepasa
los parámetros genéricos?
¿Por qué no aclarar los supuestos
desfalcos en Catastro?, ¿Por qué el silencio al cuestionar cuántos
son y quiénes demandan despidos injustificados al Ayuntamiento?
Si hay respuestas, el gobierno se
arriesga a que le cuestionen.
Si no hay respuestas, el gobierno
tendrá la certeza de que le cuestionen y le juzguen.
En los temas de la gobernanza, es
indispensable la participación social.
Un gobierno distante de su pueblo corre
el riesgo de observarse tirano.
Son riesgos que se corren con los
silencios, con el mutismo oficialista…



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