No sólo el procurador Jesús Murillo Karam ya se cansó, también se cansaron los familiares y allegados de los desaparecidos de Ayotzinapa, que todavía no les resuelven el crimen y ahora el resto del pueblo se está cansando también de todo el desmadre y agitación que se ha vivido en varias partes del país tras lo ocurrido en Guerrero hace más de un mes.
Se está cansando la gente común y corriente, la que todos los días tiene que ir a trabajar, ir a la escuela o simplemente quiere hacer su vida normal; gente que le molesta y le duele lo que les pasó a los 43 estudiantes, pero que comienza a aborrecer lo que cientos o miles de descerebrados hacen supuestamente indignados y en nombre de tal indignación.
La gente comienza a reprobar los actos vandálicos de esta gentuza, que un día y otro también, incendia y apedrea edificios en algún estado de la república, sobre todo en el sur del país, que un día sí y otro también incendian o roban camiones cargados de mercancía o autobuses en las carreteras del país, en el sur para ser más precisos.
Eso sin hablar de policías que son mandados a hacerles frente a estos delincuentes, en menor número y con la estricta orden de no hacerles nada, no ponerles ni un dedo encima y que terminan irremediablemente golpeados, casi hasta la muerte. Tampoco sin hablar del tiempo y dinero perdido por el bloqueo de calles, carreteras, aeropuertos o edificios de gobierno y todo en nombre de los desaparecidos de Ayotzinapa.
O qué decir de los verdaderos estudiantes, que a lo mejor les hizo gracia faltar a clases una o dos veces con motivo de las protestas, pero que ahora ven desesperados que la cosa sigue y los días de estudio ya se perdieron y se quedaron sin aprender. Eso ya no les hace gracia, pues unos cuántos vándalos, revoltosos y flojos están afectando sus horas de clase y su futuro académico y profesional.
Y si en las redes sociales se hizo eco y hasta se amplificó el lío de Ayotzinapa y se aplaudieron y festejaron las “medidas” tomadas por algunos de incendiar, destruir y bloquear todo, en esas mismas redes sociales no pocos comienzan a demostrar su descontento, impaciencia y desaprobación por el vandalismo ejecutado por el “pueblo bueno” en nombre de los estudiantes desaparecidos, muertos probablemente.
Mensajes de “Mejoremos al país comenzando por nosotros” “Quieres acabar con la corrupción, comienza contigo mismo” “Apoyo lo de Ayotzinapa pero no la destrucción ni los crímenes” o “Qué va a ganar el país si renuncia el presidente” ya comienzan a aparecer en las redes y otros medios.
El gobierno federal, que no hizo su parte en su momento y permitió que 43 jóvenes fueran desaparecidos violenta e impunemente, sigue sin hacer lo que le corresponde, meter en cintura a los delincuentes manifestantes, pese a que un cada vez más amplio sector lo demanda.
Es aquí donde uno se pregunta si la inacción de la autoridad federal es simplemente precaución y miedo a que la bronca aumente si se somete o detiene a uno solo de estos delincuentes destructores o se trata más bien de una estrategia.
Miedo y precaución porque al presidente o gobernador que se le ha ocurrido aplicar la ley y aplacar a los rijosos, le ha ido como en feria y de asesino y represor no lo bajan y al gobierno federal, a unos pocos meses de una elección federal, si no puede darle una salida elegante al conflicto (la cual sería resolver satisfactoriamente el crimen de Ayotzinapa), tampoco se va a arriesgar a echarle más leña al fuego y que las protestas, injurias y destrucciones aumenten y entonces sí se desplome totalmente la imagen presidencial y del partido en el poder.
O estrategia podría ser y que parece que está resultando, que es dejar actuar a los delincuentes hasta el cansancio, al grado de que comienzan a ser señalados por el resto de la población, provocando una separación natural, un aislamiento y que el grupo de vándalos cave su propia tumba poco a poco, perdiendo la simpatía de los verdaderos simpatizantes y dolientes de Ayotzinapa.
Si fuera lo segundo, pues bien pensado por el gobierno, le está dando resultado, pero mientras muchos se jodieron, los que no tenían ninguna vela en el entierro y padecieron y padecen el desmadre de los seudo ayotzinapos. ¿Quién pagará todos los daños, quien compensará todo el trago amargo?
Lo que sí es este caso ha tenido varios giros y todos ellos interesantes. Además, por un lado se está ante la inminente resolución del crimen, donde solo falta que la PGR tenga todo planchado, amarrado, con la menor fisura posible, para dar a conocer los resultados. Y por otra parte, el deslinde que están haciendo propios y extraños de los rijosos.
Es indudable que casi todo el país pide justicia en el caso de Ayotzinapa, aunque muchos de nosotros no comulguemos con la ideología de estos estudiantes ni sus procederes, como el “boteo” o el secuestro de camiones. Y lo que casi nadie aprueba es la quema y destrucción de todo en nombre del pueblo. Ahí sí que el pueblo está cansado.
Creo que ni siquiera los maestros comunistas de Tepa, que hablan pestes de Peña Nieto pero que gustosos reciben su cheque del gobierno federal cada quince días, están de acuerdo con tanta barbarie.



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