Curioso que en un municipio donde existen empresas multimillonarias y que producen el alimento de medio país, sea tan difícil conseguir dinero para obras y servicios públicos.
El tema de la fallida nueva central camionera poco a poco quedará en el olvido, a menos que sea motivo de disputas electorales en las siguientes campañas políticas, pero en lo que esto sucede, se confirma lo que han dicho ya varios, el último, Francisco Kono, representante de la empresa que pretendía construir la terminal y que señaló en una de sus visitas a Tepa que éste es un lugar muy difícil para invertir o por lo menos es la impresión que se tiene en Guadalajara y otras partes del país del municipio.
El proyecto de la central camionera fue abortado definitivamente, pese a que el alcalde estiró el plazo lo más que pudo para tratar de convencer a los regidores de su partido de votar a favor. El argumento de parte de los que se opusieron fue que estaba muy cara la obra y que el nuevo inmueble sería insuficiente para ofrecer un mayor número de corridas de autobuses.
Sin embargo, los que se opusieron todo el tiempo solamente se preocuparon por buscar obstáculos y no soluciones o al menos zanjar las diferencias. Creo que un año habría sido tiempo suficiente para cualquiera para buscar una alternativa más barata y acorde a las necesidades del municipio, pero nadie nunca propuso nada; en este país solamente proponen los gobernantes y las demás autoridades sólo dicen sí o no.
Solamente se hizo un poco de presión en cuanto al tema económico y de última hora el presidente municipal ofreció un mecanismo para pagar menos al mes por el nuevo edificio, sin embargo el resultado fue el mismo.
Ciertamente se habló de buscar otras opciones de financiamiento y no recurrir a a la empresa que pondría la lana; se manejó también que las mismas líneas de autobuses construyeran el edificio y por ahí alguien sugirió que se hiciera junto al autopista, pero nada en concreto y mucho menos avanzado.
Bueno, la cosa es que no hubo nada, aunque bien pudiera hacerse alguna gestión para construir la central con otro financiamiento, que no sea tan caro pero sí adecuado para el pueblo.
También falta ver cuánto se gastó en renta de locales de todas las oficinas municipales que tuvieron que ser movidas a espacios privados, si ya van a regresar a la central, si por fin se arreglarán las calles aledañas a los andenes y hacen el transitar de los autobuses muy difícil.
También se viene a la mente aquella vez en que el alcalde gestionó unos préstamos con varias familias de Tepatitlán, a fin de seguir construyendo el acueducto y que por razones no conocidas se desechó esa posibilidad.
Este es el problema de Tepa, que hay mucha lana pero nadie la invierte en el pueblo y que los de fuera que están dispuestos a traer su dinero, resulta que las autoridades locales no lo permiten y ponen trabas para ello.
Lo de la falta de agua se resolverá parcialmente con el acueducto, la inseguridad, pues no es la misma que en otras partes del país; la contaminación tampoco es para alarmarse; servicios públicos, podrían estar mejor pero ciertamente se está mejor que en otras ciudades.
Entonces, el problema principal es la lana que sí hay pero no la quieren gastar los que la tienen y los que quieren traerla de fuera rara vez lo logran.



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