Calaveras de café

Por Luis Gutiérrez Medrano


Lupe Gómez


Entregó su alma al Creador


y murió como él quería


pidió a la Virgen María


morir como cazador.



Perdonad, me he equivocado


y de verdad que lo siento,


pues no es lo mismo, presiento,


el cazar que ser cazado.



Tenía Guadalupe un coche,


esos de todo terreno,


semi nuevo, motor bueno


y se fueron una noche



al cerro de la Campana


para linternear venados.


Iban muy bien ajuareados,


¡no les faltaba la lana!



Llevaban, no sé el motivo


a más de dos escopetas


un AK cuerno de chivo


aquellas eran berettas.



Con la noche ya avanzada


sin orden se separaron


y con esto así empezaron


lo que dicen "la levantada"



José muy emocionado,


vio algo negro, como un bulto


entre la maleza oculto


y juzgó que era un venado.



Para qué alargar el caso,


pues José, venado o fiera


o cosa que se moviera


le daba su escopetazo.



Se escuchó luego un quejido


y unos ayes lastimeros


eran alientos postreros,


alguien, sí, estaba herido.



José con la luz primera


observó como alelado


a Lupe Gómez tirado


con el menudo de fuera.



¿Qué te ha pasado compadre?


le dijo José Jiménez,


¡Ay Lupe!, Lupe ¿qué tienes?


-Ya me partiste la madre



Mira nomás que agujero


en la panza que me has dejado


llévame al cura volado


porque siento que me muero.



No seguiste mi consejo


tú eres muy buen pescador


más cazando eres lo peor.


¡Ya me jodiste, pendejo!



Y transido de dolor


viendo a su amigo tendido


José triste y compungido


entregó su alma al creador.



Quiso su difunta esposa


que cuando José muriera


algún amigo pusiera


en su cajón y en su fosa



Una vieja pisponera,


un chinchorro, una tarraya,


un platito con morraya


por si allá camión hubiera.



Un tumbo, sedal, anzuelos,


su cachucha de béisbol,


un vasito con sus hielos


para echarse su jaibol.



José ya torciste el rabo


y me da por preguntar


¿quién me ayudará a cortar


el pastito en el Guayabo?



Mariano

Trágica noticia corre


hoy en la tarde se oyó


que Mariano se cayó


y se dio en toda la torre.



No se cayó trabajando,


el trabajo es pa´la indiada,


dio el sapotazo coleando,


no de tragar... de charreada.



En un ataúd de ocote,


del cuarenta y reforzado


apenas cabía el pelado


porque estaba muy grandote.



Y aunque al café no iba diario,


Lupe Guillermo y José,


los dos Guichos, según sé


van a hacerle un novenario.



Memo Peña

Se murió Guillermo Peña


-¿y quién es ese señor?


tenía como santo y seña


narices de boxeador.



Zancas flacas como un tordo.


Ganadero, chipocludo,


medio ciego, medio sordo,


y además de terco, rudo.



Diario golpeaba a la mala


con saña y sin previo aviso,


tepatitlense postizo


que nos cayó de Mezcala.



A mí me trató muy mal,


este infeliz desgraciado


es por eso que he pensado


no ir a su funeral.


Publicar un comentario

0 Comentarios