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sábado, marzo 24, 2007

Matatlán, el paraíso que se extingue

Por Víctor Ontiveros Aguirre

Magia, misterio y abandono se conjugan en Mazatlán, delegación de Zapotlanejo; uno de los últimos bastiones de la naturaleza que está a punto de sufrir fuerte impacto, al estar a un paso de ser devorada por la mancha urbana que ya está prácticamente en las puertas de esta zona.

Esta población es famosa por la extracción indiscriminada de recursos como es la arena que es sacada día y noche devastando grandes extensiones de terreno, dejando tras su paso deforestación. Aún se encuentran lugares donde la naturaleza se ha salvado de la mano del hombre de incomparable belleza.

A invitación de dos personajes de este lugar, Jaime y Rubén Murguía, quienes nos llevaron a conocer una cueva donde surge de entre sus entrañas agua que nunca se acaba, "ni en secas ni mucho menos en otras temporadas", aseguran. Curiosamente antes de llegar a este sitio hay una escuela rural abandonada que ahora a alguien se le ocurrió utilizarla como bodega de rastrojo, las butacas están dispersas por todos lados, como muestra del abandono y desinterés de autoridades y habitantes.

Al preguntarle a nuestros guías de la razón de esto, señalaron que porque la gente se esta yendo al norte y ya no hay alumnos.
Al llegar a la entrada de la cueva, ésta tiene una altura de casi dos metros, pudiendo entrar de pie perfectamente, sólo que el agua que corre por el piso ya hizo una zanja profunda y es riesgoso penetrar. Esta cueva fue hecha por la naturaleza al paso de los cientos de años

Dicen Jaime y Rubén que se cree que fue utilizada la cueva por los indios y posteriormente por la gente que vivió en los alrededores como escondite de maleantes y hasta se habla de ritos demoníacos en ese sitio.

En el techo se observa a pocos metros un respiradero echo por el hombre que data de más de cien años ya que los abuelos de nuestros guías ya la conocían tal como está; de su longitud hasta el momento es desconocida, se cree que es de varios kilómetros pero no hay seguridad ya que nadie hasta el momento ha penetrado más allá de unos 200 metros ya que la oscuridad es total y hay mucho murciélago, aparte del miedo que compartimos con ellos que es imponente.

A unos mil metros al norte de la entrada a esta cueva emerge los restos de una hacienda que se conoce como Colimilla, donde se tejen historias fantásticas como dinero enterrado, fantasmas y demonios donde incluso dicen que ahí quemaron vivas a varias personas.

Lo que sí en el lugar se observa que en su tiempo fue una hacienda muy importante donde se fabricaba el piloncillo y junto al sitio pasaba el camino real a Guadalajara. En sus ruinas quedaron huellas de balaceras y tragedias, según cuentan, ya que en una capilla de ahí se suscitó un terrible sacrilegio; el sitio es custodiado por unos enormes árboles de mas de 50 metros de alto, conocidos por los lugareños como higueras.

Al visitante le queda en la mente haber ido a un lugar por demás extraño y fantástico por su belleza... y pensar que está tan sólo 30 minutos de la zona urbana de Zapotlanejo y que muchos de sus habitantes ni idea tienen de que exista, mucho menos sus autoridades quienes nunca se han preocupado por preservar este sitio que es rico en ruinas arqueológicas de tribus que habitaron el lugar y de construcciones como ésta que datan de la época de más allá de los abuelos.

En esta zona destaca la facilidad con la que brota el agua a pocos metros del suelo, aún así los habitantes prefieren irse al norte dejando las tierras abandonadas, y la apatía de los gobiernos en explorar nuevas zonas para atraer agua, por ejemplo, a Zapotlanejo que está a pocos kilómetros de este sitio y que este problema en la época de estiaje mantiene a amplios sectores sin el vital líquido ya que hay colonias en que hay agua cada tercer o cuarto día y sólo por las noches.

La amenaza de que llega la mancha urbana a esta zona es ya casi una realidad. A simple vista se observa ya un fraccionamiento que está en construcción al otro lado de la barranca, dicen que construirán una ciudad de un millón de habitantes que impactará la zona de manera tajante y si en estos momentos no se hace algo para preservar estos sitios, sólo en fotos quedará el recuerdo de lo que fue Matatlán.

 
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