Padre Miguel Angel: Los que han de morir

Por el padre Miguel Ángel
padremiguelangel@yahoo.com.mx

Cuenta la leyenda árabe –claro que es pura leyenda, pura fábula- que en cierta parte desconocida del mundo se conserva todavía el Paraíso Terrenal, de que nos habla el Génesis.
En ese Paraíso se conserva todavía –añade la leyenda- el árbol de la vida que plantó Dios en medio de él. Según esa leyenda el árbol no se ha secado ni tiene aún aspecto de estar envejeciendo.
El árbol ha logrado un tamaño verdaderamente gigantesco. Por cada habitante del mundo le ha nacido una hoja. Cuando nace un niño brota una hoja nueva con el nombre del niño escrito.
Según esa misma leyenda el día treinta y uno de diciembre, a las doce de la noche cuando el reloj está golpeando las doce campanadas, un ángel forzudo baja del cielo y agarrando aquel tronco robusto lo zarandea con todas sus fuerzas, de tal modo que todas las hojas que están débiles caen al suelo.
Estas hojas que se desprenden llevan los nombres de los que han de morir el próximo año.
Sería interesante que nos asomáramos nosotros al Paraíso para ver si caen las hojas donde están escritos nuestros nombres.
Todos festejamos y recordamos a nuestros difuntos el día 2 de noviembre; muchos acostumbramos poner ofrendas, ya sea en la casa o en el panteón, pero muy pocos sabemos el por qué.
¿De dónde nos viene la Tradición y qué significa? ¿Qué significado tiene cada uno de los elementos que componen la ofrenda?
Nuestros antepasados indígenas, en época anterior a la llegada de los españoles, nos dejaron evidencias de su glorioso pasado en las pirámides, y especialmente en las tumbas, mostraban el gran respeto que tenían a la muerte.
Por ejemplo, los aztecas creían que había algo más allá de la vida terrena, ellos como nosotros, pensaban que era posible que muriendo el cuerpo hubiera algo más, que no terminaba todo.
Creemos que hay otra vida, sólo que ellos no conocían a Cristo y en su lugar, adoraban a otros falsos dioses como el sol, la luna, la tierra, las estrellas, etc. Además pensaban que debía existir un “dios” más importante que gobernara a todos los demás dioses.
Nadie les había anunciado el Evangelio y sin saber de Jesucristo, creían que existía un Dios desconocido. Este Dios le encantó al emperador Netzahualcoyotl.
Esta ofrenda la adornaban con flores de cempasúchil y cantaba. La flor y el canto eran para nuestros antepasados la presencia de la divinidad (recordemos las apariciones de Santa María de Guadalupe al indígena san Juan Diego; en flor y en canto).
También quemaban el Copal, que es una resina que da un aroma muy suave. Ponían mecheros para que iluminaran el camino que recorrerían los muertos hacia la otra vida.
A estas y otras tradiciones los frailes, misioneros franciscanos, agustinos y jesuitas, les dieron un sentido cristiano.
*LA FAMOSA CRUZ DE CAL: nuestros antepasados aztecas ponían 2 líneas de cal, que representaban el encuentro de Dios con el alma del difunto, pues se creía que al noveno día eran los mejores vientos mediante los cuales, el alma de nuestro difunto (de sur a norte), y Dios (de poniente a oriente), se encontraban para recibirlo y llevarlo al cielo. Por tal motivo, la familia hace una cena y comparte la alegría y pena al mismo tiempo, agradeciendo el acompañamiento de los 9 días.
*LAS FLORES: además de adornar, son el símbolo de la alegría, se creía que todos los que morían en la guerra, en los sacrificios o en el parto, se convertían en las miles de estrellas (Tzentzonhuiznahuatl), que iban acompañando al sol en su recorrido; por eso es la flor amarilla, como bañada de sol, la flor de muertos no es de tristeza, sino de gozo, de transformación, es alguien que va acompañando al sol.
Cuando vamos a un sepelio, sea en la casa de la familia del difunto o en la agencia funeraria, vemos por lo regular (aunque tiende a desaparecer) el poner solamente 2 lámparas en lugar de 4 velas, que significaban: El sacramento del bautismo, la confirmación, la Eucaristía y la última vela, la entrada a la vida eterna. También significaban: los 4 elementos de la tierra: sol, aire, agua y tierra; los 4 puntos cardinales, las 4 estaciones. Finalmente, recordemos que esas 4 velas representan, a través de la luz que ha iluminado durante toda la noche, las obras buenas que realizó el difunto durante esa vida.

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