En familia
Por Juan Flores García
Cuando apenas habían pasado siete años de haber terminado el conflicto religioso, en 1936. Y por la falta de trabajo en Tepa, muchas familias se fueron a Guadalajara para vivir mejor. Mi memoria me aconseja relatar este episodio en la vida de muchas familias, incluyendo la mía. No podemos dejar de mencionar cuantas veces se pueda a ésa, nuestra hermosa capital, que es Guadalajara; esa acogedora Perla Tapatía que recibió a tanta familia que, de todos los barrios de Tepa, salimos en busca de un porvenir mejor. Ya desde 1930 se fueron ausentando de nuestra querida tierra algunas familias. Los meses del temporal de lluvias, a partir de junio allá los pasábamos. Por esos años, Guadalajara era pequeña, cabe hacer la comparación de que tenía una extensión un poco mayor que la que actualmente tiene Tepa. Mencionaré los lugares con que contaba Guadalajara y hasta donde llegaban sus límites. Una orilla era El Estadio, donde está la central vieja. En frente El Parque Agua Azul, que entonces tenía su lago. Otra orilla era El Estadio, donde está la Colorado; otra, El Parque Morelos; y la otra, el Parque Revolución, lugar donde estuvo la Penal que se llamó Escobedo, anterior a la desaparecida penal. En el centro había lo que ya conocemos sólo que ahora modernizado.
Guadalajara está dividida en sectores: Juárez, Reforma, Hidalgo y Libertad. Justamente en este sector está el tan conocido Templo de San Juan de Dios y, desde luego, su gran mercado que se llama Mercado Libertad, pero que todo el tiempo lo hemos mencionado como de San Juan de Dios. Frente a este y en la Calzada, estuvo en una glorieta la estatua de Benito Juárez; luego su teatro-cine que se llamó Juárez, éste en la banqueta también de el frente del templo, por la Calzada Independencia que por aquellos años era sin camellón. En la Calzada se establecían los juegos mecánicos cuando se llegaba la fiesta de San Juan de Dios. En ese famoso barrio de San Juan de Dios habitábamos muchas familias que dije, nos fuimos a vivir para allá. Sentíamos que estábamos en Tepa. Todos nos tratábamos bien, nos ayudábamos en todo. En ese año de 1936, por la calle Mariano Jiménez, entre Obregón y Gigantes, rentábamos una casa con cuatro recámaras grandes (en doce pesos mensuales). A esta casa llegaron de Tepa jóvenes amigos solteros en busca de un mejor provenir. Uno de ellos fue Raymundo Alcalá, hermano de nuestro amigo Don Sabino; Salvador Aguirre, que vivía por la calle Hidalgo abajo del Santuario del Señor; José Martínez, hermano de Jesús el que nos deleitaba con su sabrosa rellena; Ramón Martínez, Luis Jáuregui, así como José a quien le decíamos Colás y fue locero; Jesús Cuevas, tío de Roberto González Cuevas; luego aquel chinito que vendía pasteles allí en el portal y al que mi padre adoptó y se vino a vivir a Tepa posteriormente.
Pues así en familia todos estos amigos compartieron sus vidas juntos, en aquella casa que tuvo algo de “casa de huéspedes”. A todos se les rentaba habitación. Cada uno de ellos fue, por algún tiempo, como miembro de una sola familia. Los domingos salíamos a los lugares de recreo como el parque Agua Azul, el de la Revolución o El Morelos. También íbamos a ver el tren a la estación, cuando estaba junto al templo de San Francisco. Nos subíamos al tranvía para ir de San Pedro a Zapopan. También usábamos las famosas calandrias, ésas de las que quedan muy pocas, pero que todavía circulan por Guadalajara, recordando a la gente que de Tepa se llevó un pedacito de ella a la capital del estado, decimos que así fue Tepa en el tiempo.


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