Por Juan Flores García
Como si fuera ayer nos acordamos de toda nuestra gente que fue célebre por nacimiento o que se hizo famosa por alguna habilidad que tuvieron y que los hizo distinguirse de los demás, haciendo cosas para llamar la atención por puro gusto, a lo largo de la vida de este siglo que acabó de terminar y que nos han dado motivo para poder platicar del pasado.
A mediados del siglo cuando estaba en su apogeo aquel famoso Restaurant Palacio, (Hidalgo y Juan José Espinoza) en el que nos reuníamos a comer y tomar todo lo que ahí se nos antojaba, se encontraba también enfrente aquel lugar que ya fue borrado y en el cual ahora está un edificio que alberga un hotel, un banco y otros locales comerciales. En ese terreno estaba el local enfrente de la Comandancia de la Policía, la panadería de Lupe López y el local a donde llegaban los camiones de La Alteña en donde vendía boletos nuestra nunca olvidada Tina. Ahí se juntaban los cuates que vendían tacos de carnitas a los pasajeros que viajaban en los autobuses.
También encontrábamos unos locales donde se vendía comida, cuando colgada la longaniza también se vendía. Por muchos años estuvo Loreto Alcalá en la pura esquina con su negocio, luego Juventino Sánchez, con su negocio de vinatería y contiguo en su despacho veíamos a Rafael Martínez “El Pigue”.
Enseguida estuvo José Franco con su negocio de refacciones para bicicleta, luego la Farmacia Lux y la mueblería, aunque esta ya fuera del terreno que hoy ocupa el hotel.
Todos estos lugares los mencionamos, porque a todos ellos pero sobre todo al Restaurant Palacio asistía un amigo que conocimos con el apodo de Papamón, que era único en el arte de bailar el trompo. Tenía tanta facilidad para manejar este juguete, que nos dejaba lelos viendo como en la cuerda hacía suertes tan bonitas y complicadas que tanto a niños como a los adultos divertía. Con este personaje pasó lo que con muchas personas que los llamamos por su sobrenombre, pero que nunca supimos como se llamaban.
Este es el caso del Papamón pero debido a que lo íbamos a mencionar en este artículo, comenzamos a preguntar con los amigos si sabían como se llamaba y parece ser que se llamó Ramón Arias, su papá José María Arias que trabajaba en un molino de nixtamal y le decían el Maesto Masas. Su abuelo se llamó Ramón y según suponemos lo de Papamón le vino porque de niño le pedía dinero a su abuelo diciéndole: “Papá Mon deme dinero” así que es posible que tuviera el apodo por ese motivo.
No recordamos cual sería su oficio. Ellos fueron gente de la Capilla de Guadalupe. Queda entonces recordado en nuestros relatos este personaje que hizo historia en el “deporte” de bailar el trompo como el quiso.
Así como él, tenemos personajes que nos merecen todo el respeto aunque muchas veces hacemos menos a esta gente y gozamos con hacerlos enojar menospreciando su modo de vivir. Tenemos como ejemplo a don Fernando, aquel que acarreaba desperdicios en su carretilla y vivía por la calle Lerdo. Así como lo veíamos con su vestuario de siempre y su larga barba, ha sido útil. Lo llegamos a ver representando personajes en los carros alegóricos en la salida del Señor de la Misericordia.
Un hombre tranquilo, feliz con la vida llevada, sin brizna de angustias y problemas. Tal parece que fue pariente de aquel otro personaje famoso en los tiempos en que se hacía jabón con grasa. Nos referimos al que le decíamos El Caseno que recorría todas la orillas, sobre todo en el nunca olvidado Zanjón del Diablo recogiendo animales muertos para ganarse la vida llevándolos a la jabonera a venderlos.
Así contamos tramos de la vida de estos seres especiales con el deseo de que no queden olvidados, porque haciendo comparaciones con el dicho aquel de que “El día se pasa y el Real se pesa”, el tiempo se nos va y no nos paga.
A propósito hubo otro célebre hombre que le decíamos el “No pagas”, parece que se llamaba Juan, le decíamos así porque le pedíamos que hiciera algo y siempre nos decía: ¡No pagas! Este personaje vivía en el barrio alto y si mal no recordamos dejó de existir en la casa de la familia de nuestro famoso y nunca olvidado Juan Padilla “Pata Larga”. Recordando a estos personajes tan especiales decimos que así fue Tepa en el Tiempo.
Agradecemos sus comentarios a jofloreso@prodigy.net.mx


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