Cómplices o víctimas



Cuando hablamos de educación ¿nos referimos sólo a lo que aprendemos en la escuela? Y ¿lo que aprendemos en ella es válido sólo dentro de la misma?

A lo que quiero referirme es que diariamente me topo con una situación que supera la mala educación y cómo de alguna forma nos convertimos en cómplices o víctimas.

A la salida de los alumnos de la escuela López Cotilla, en pleno centro de la ciudad, aunque nomás dure unos minutos, es un caos y una muestra, repito, de mala educación.

El miércoles por la tarde, nomás por citar un ejemplo porque esto ocurre los días normales de clases, intenté circular en carro por esa cuadra, ya una camioneta había estaba delante de mí y tuvo que detenerse porque los alumnos se bajan de la banqueta, cruzan como si nada la calle, y uno termina convirtiéndose en rehén de dicha situación.

Tanto nosotros como los dos carros que estaban detrás de mí tocaron la bocina y una mamá dijo: “están saliendo los niños de la escuela”. ¿Y qué? – dije. ¿Por qué no tengo derecho a circular? ¿Por qué el dueño del estacionamiento que está enfrente no tiene derecho a trabajar? ¿Por qué no le enseña a su hijo por dónde debe caminar? Ya cuando por fin pudimos entrar al estacionamiento, la mayoría de los niños se había retirado cuando apareció un agente de Vialidad a “entorpecer” todo porque cortó el paso de la calle y nomás había como 10 ó 15 niños que sí caminaban por donde debía ser y los carros bien podrían haber pasado por allí.

Conozco un colegio que tiene 5 veces más alumnos que esta escuela, cuya banqueta es mucho más angosta y donde por su calle circulan muchísimos más vehículos y los alumnos saben que no deben bajarse a la calle porque pasan los carros y pueden ocasionar accidentes, y como dice mi papá, “luego hay que pagarles por buenos”.

Esta situación se repite en otras escuelas de Tepa y nos convertimos en cómplices si como padres alentamos o propiciamos esta mala educación o víctimas cuando se nos quita el derecho a la libre circulación.

En más de una oportunidad he visto también que pasa esto en las afueras de una sala velatoria de la que no recuerdo el nombre pero que está en la calle 5 de mayo. Sucede que si el finado tenía muchos amigos o parientes, éstos ocupan hasta la calle y los agentes de tránsito no tienen más remedio que cerrarla. Lo peor es que ni van a ver al muerto porque están en el chisme y de vez en cuando uno que otro hasta riéndose está.

Es por eso que tengo perlas negras para los niños mal educados, para los padres que dan el mal ejemplo y para los de Vialidad que en vez de ir a ordenar el tránsito empeoran todo.

Y una perla blanca para un señor que me dio el paso al verme con mi bebé y que se ganó un silbatazo del de Vialidad porque éste ni cuenta se dio de la amabilidad del conductor.

Dicen que los niños son el futuro… con niños así vamos para atrás. Tepa es una ciudad, no un pueblito en Los Alpes como en las caricaturas de Heidi donde nomás se veía una que otra carreta.

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