Democracia

Lecciones para la historia

Por Enrique Gómez Ramírez

Nunca pensé que esto pudiera pasarme. Que cuando ocurrieran los cambios mundiales más importantes de los últimos 50 años yo estaría “de facto” alejado del periodismo. Pero así pasó. Por exigencias familiares no estuve aquí, dando una perspectiva diferente de lo que estaba sucediendo durante el derrumbe del sistema financiero de los Estados Unidos, que provocó tal oleaje mundial que aún está golpeando a muchos países, incluyendo a México.

Nunca en la historia de los Estados Unidos la extrema derecha de este país había logrado el control operativo del gobierno federal como lo consiguió durante la presidencia de George W. Bush. Tenían controlada la Suprema Corte, la presidencia y ambas cámaras del Congreso de los Estados Unidos.

Esto les dio la oportunidad sin precedentes de imponer su modelo económico ultra conservador. Y aquí va una aclaración para nuestros lectores mexicanos. El conservador americano es un ferviente defensor de la libertad de mercados, mientras más conservador es, más brutal es la libertad de mercados que propone. Por lo tanto, el modelo ultra conservador significó una libertad de mercados total y absoluta, sin intervención ni regulación gubernamental de ninguna especie.

Este concepto se basa principalmente en la utopía de Adam Smith de que los mercados se regulan a sí mismos, que “hay una mano invisible que guía a los mercados” y que por lo tanto no debe intervenir el estado porque deformaría las fuerzas naturales creando un caos económico.

Sólo que Adam Smith jamás leyó a Thomas Hobbes quien más de 100 años antes había dicho: El hombre es el lobo del hombre. Por lo tanto, la propuesta de Smith era esencialmente una absurda utopía porque se basaba en una idea contradictoria a lo que es la verdadera naturaleza humana. Eso pasa por no leer.

Así, los republicanos tuvieron ocho años para poner en práctica su amado modelo económico. Nada de intervención gubernamental, nada de regulación federal, todo fue absoluta y brutal libertad de mercados. Y como alguna vez nos enseñó mi profesor de filosofía política: En economía y política no hay vacíos de poder. Por lo tanto les salió lo “animal” a los millonarios y el hombre rico se convirtió en el lobo del hombre pobre.

En consecuencia, el tan amado modelo económico de los ultra conservadores se convirtió en una pesadilla, en un derrumbe total del sistema financiero americano que arrastró consigo a muchos países. Importante aclarar que la derecha moderada y la centro-derecha consideran que sí es necesario cierto nivel de intervención federal en los mercados nacionales, por eso pueden negociar legislaciones con la centro-izquierda americana y la izquierda moderada. (Ya me imagino a algunos lectores preguntándose ¿hay izquierda en los Estados Unidos? ¿cómo puede decir que hay izquierda en un sistema capitalista? Bueno eso sería un buen tema de análisis).

Ante la debacle total que ya parecía inevitable, para salvar al país los ultra conservadores tuvieron que cometer la más grande herejía de sus tan amadas creencias: el estado tuvo que intervenir en los mercados nacionales. Eso evitó el colapso. La administración de Bush tuvo que intervenir en los mercados financieros, en los bancos, en las aseguradoras, las productoras de automóviles y los bienes raíces. En los últimos 70 años nunca había el gobierno federal intervenido en tantos mercados y a tan alto precio. Incluso durante unas dos semanas se pensó que Bush tendría que anunciar la nacionalización de la banca. Esto asustó tanto a los especuladores de capital que el dinero comenzó a fluir hacia las instituciones bancarias para evitar tal decisión.

Por otro lado, la libertad de mercados con regulaciones ha demostrado que ayuda a generar riqueza que desciende hasta los trabajadores. Y si no pregúntenle a nuestros paisanos que en sus pueblos de origen no podían comprar ni una bicicleta y ahora van y visitan a sus familiares manejando su Ford F150 o su Dodge Ram 1500, y con suficiente dinero en los bolsillos como para darse una gran vida durante una semana o un par de semanas.

La lección es por lo tanto: la libertad de mercados absoluta es capaz de destruir al país más poderoso del planeta. Una libertad de mercados regulada ayuda a generar riqueza que beneficia a los trabajadores.

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