Le ponemos
Por Ramón Muñoz de Loza
La obra que anunciaron hace seis años, tras la inundación padecida en septiembre de 2003 en Tepatitlán, de reconstrucción del puente “Acatic” sobre la carretera a Yahualica sigue desnudando la poca injerencia que tenemos los tepatitlenses en las decisiones que influyen en nuestra vida y que, por desgracia, se siguen tomando en escritorios lejanos a la Calle Hidalgo de nuestra ciudad.
La constructora que ganó la licitación o concurso para tirar el puente angosto de la carretera a Yahualica –la verdad es ya más una avenida que carretera- hizo una desviación tan endeble que no resistió el paso de los vehículos pesados en la primera semana.
Listos para apoyar a los fuereños, como somos los tepatitlenses, el gobierno le permitió entonces a la constructora y a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, utilizar rutas urbanas para desviar el tráfico pesado que utiliza la carretera a Yahualica. Así se hizo de González Carnicerito y Jacarandas, una extensión de la carretera que enlaza a la ruta libre a Guadalajara con la autopista de Los Altos.
Y no es que no sea necesaria la obra que se ejecuta sobre el río Tepatitlán. Claro que urgía desde hace varios años. La prueba contundente de su cambio se evidenció la mañana del 5 de septiembre cuando el propio gobernador en turno Ramírez Acuña, se apersonó para observar cuánto afluente corría por debajo de ese estrecho pedazo de concreto que no sólo contenía el agua en tiempo de lluvias, sino además retenía el tráfico vehicular que a diario se incrementa sobre esa ruta.
Debieron pasar seis años para encontrar respuesta. Tarde, pero al fin una respuesta.
Aunque debemos “agradecer” al gobierno federal cumplir con su promesa de reconstruir el puente y darle mayor amplitud al cauce del río y a su vez al vehicular, lo cierto es que los vecinos del poniente y sur de la ciudad padecen ahora las calamidades viales y de infraestructura por ver pasar vehículos pesados frente a sus domicilios.
Desde la lógica federal (o estatal) si Tepatitlán recibe el “beneficio” de ampliar un puente, debe el municipio pagar una cuota por esa obra, sin embargo, valdría la pena preguntarse ¿por qué no se contempló en las negociaciones, una partida especial para mantenimiento o reparación de la “ruta alterna”?, ¿por qué el municipio debe poner ahora parches de asfalto sobre las dos avenidas que ya comienzan a mostrar su agotamiento, cuando apenas hace unos meses se colaron las losas de concreto?
¿Por qué los vecinos deben soportar los baches y cuarteaduras de sus calles sólo porque la constructora no previó una correcta ruta alterna, cercana al puente que reconstruye?
Una vez más, nuestro silencio es cómplice del daño a nuestro patrimonio, sobre todo, ahora que la economía del municipio está colapsada, ahora que no hay ni para el alumbrado público de la ciudad.


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