Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com
Un amigo nos contó esta historia “Había una vez un muchacho, quien era hijo de un entrenador de caballos. El padre del muchacho era pobre, y contaba con apenas unos pocos recursos para mantener a su familia y mandar al muchacho a la escuela. Una mañana, en la clase, el profesor le pidió a los alumnos que escribieran la meta que quisieran alcanzar para cuando fueran adultos.
El joven escribió una compasión de siete página esa noche, en la que describía su meta. Escribió su sueño con mucho detalle y hasta dibujó un plano de todo el proyecto: el rancho, las pesebreras, la ganadería, el terreno y la casa en la que quería vivir, en fin, puso todo su corazón en el proyecto y al día siguiente lo entregó al profesor.
Dos días más tarde, recibió de vuelta su trabajo reprobado, y con una nota que decía: “Venga a verme después de clases”. El chico del sueño fue a ver su profesor y le preguntó:
-¿Por qué me reprobó?
El profesor le dijo:
-Es un sueño poco realista para un chico como tú. No tienes recursos, vienes de una familia pobre. Para tener lo que quieres hace falta muchas cosas, y además mucho dinero.
Tienes que comprar el terreno, pagar por la cría original y después tendrás muchos gastos de mantenimiento. No podrías hacerlo de ninguna manera.
A continuación, el profesor agregó:
-“Si vuelves a hacer el trabajo con objetivos más realistas, reconsideraré tu nota”.
El chico volvió a su casa y pensó mucho. También le preguntó a su padre que debía hacer.
Éste le respondió:
-Mira hijo, tienes que decidir por ti mismo, de todos modos, creo que es una decisión importante para ti, ¿cierto?.
Finalmente, después de reflexionar entregó el mismo trabajo sin hacer cambio alguno.
Le dijo al profesor:
-Usted puede quedarse con mi mala nota, yo me quedaré con mi sueño.
Al concluir, el hombre miró a los niños y les dijo:
-Les cuento esta historia porque es mi historia. Aquí estamos, en medio de la casa ed mis sueños, dentro del rancho que me propuse conseguir, por que esa era la meta de mi vida. Aún conservo aquella tarea del colegio enmarcado sobre la chimena.
Luego agregó:
-Lo mejor de la historia, es que hace dos años, ese mismo profesor trajo a treinta chicos a visitar mi rancho. Y la irse, el profesor me dijo: “Ahora puedo decírtelo. Cuando era tu profesor, era una especie de ladrón de sueños. Durante esos años le robé un montón de sueños a los niños. Por suerte tuviste la suficiente fortaleza para no abandonar el tuyo”.
No dejemos que nadie nos robe nuestros sueños, ni tampoco le robemos a otros los suyos. Salmo 37:4. “Pon así mismo tu delicia en el Señor, y El te dará las peticiones de tu corazón”.
Qué importante es el apoyo de los maestros con sus alumnos y de los padres y madres de familia con sus hijos e hijas.
¡Cuántas buenas vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa se lograrían!.


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