El Jihuite
Por Juan Flores García
El problema del agua cada día es mayor en todas partes, el crecimiento humano es incontenible. Quienes conocimos la falta de agua entubada y nos abastecíamos de ella como Dios nos daba a entender a los entonces pocos miles de habitantes que todavía a medio siglo que recientemente terminó, en nuestra población habíamos, pocos sabemos de la historia de nuestra fundación; ¿cómo y quién vio que este lugar era el apropiado para establecer su morada?
Desde luego que encontraron en este el lugar apropiado con agua para su uso, el río Tepatitlán, arroyos como el de la Gloria que era inagotable, veneros y pozos. Costaba trabajo acarrearla y sacarla, pero apreciábamos nuestro esfuerzo físico y cuidábamos tan precioso líquido que nuestro sudor nos costaba y no crean que lo hacíamos con mucho gusto. La insistencia de mencionar este quehacer, es por dar a conocer a las nuevas generaciones, como se tenía agua en la casa.
La abundancia del temporal de aguas nos abastecía providencialmente, para descansar de este penosísimo trabajo, los boscosos cerros atraían la lluvia abundante y las fuertes corrientes de agua, formaban anchos arroyos que desembocaban al río haciéndolo caudaloso y permaneciendo corriente todo el año con agua cristalina hasta la llegada del otro temporal. En diferentes épocas, debido a la carencia de tan necesario líquido, se comenzaron a hacer peticiones a las autoridades en turno para la solución del problema que crecía por el desenvolvimiento habitacional.
En 1941 siendo Presidente Municipal Jesús Padilla Aldrete, se prometió, (ya se usaban las promesas no cumplidas) que pronto se empezaría a trabajar en la construcción de una presa que nos abasteciera con abundancia. Se decía que se contaba con un gran terreno para almacenar más de diez millones de metros cúbicos que, a resumidas cuentas, se redujo su capacidad a cinco millones de metros cúbicos.
Gran felicidad nos causó esta noticia de contar con tanta agua, ya habíamos visto como la presa El Durazno (la de Carretas) se construyó en poco tiempo y sin promesa para abastecer el gasto de agua del Colegio Morelos, de la cual se tendió una línea para dotarla sin tratar. Para las tomas de agua de entonces era un alivio y así se pasaron los años como siempre, cuando se habla mucho, también se tarda mucho en llevar a cabo la obra si es que se hace y fue hasta 1960 (19 años después), cuando empezó a tener forma este proyecto, en este caso la presa El Jihuite.
En 1962, en el periodo municipal de J. Guadalupe Barba se iniciaron los trabajos a la construcción de la presa. Llegaron brigadas de Ingenieros, de gente del gobierno, de todas las dependencias y empezaron a desplazarse de un lado para otro con cuadrillas de peones cargando sus aparatos para tirar líneas y medir según planos.
Nos dábamos tiempo para ir a ver el avance de los trabajos de esa gran obra. Mucha ocupación hubo para tanta gente que quisiera trabajar, desde peones, albañiles, camioneros y demás. Así veíamos aquel lugar como un hormiguero y toda aquella gente moviéndose; acá veíamos al Ingeniero Jesús Martín del Campo midiendo para saber cuánto ganaba su cuadrilla para pagarles. A Timoteo Alcalá con su camión cargado con hombres que llevaba y traía.
Mucha bonanza nos trajo esta obra aparte de la esperanza de ver terminada la presa. Don Jesús había trabajado como contratista en la presa de El Durazno (Carretas), maquinaria pesada se veía en gran cantidad, también muchos camiones acarreando materiales. La presa El Jihuite tomaba forma; su nombre, no sabemos qué significa, lo hemos buscado sin saberlo.
Los terrenos ocupados por este envase, algunos de ellos pertenecieron según recordamos, a Ramón Casillas, parte de Santa Bárbara de los Navarro, y algunos más si no nos equivocamos.
Nuestra curiosidad aumentaba, la planta tratadora, el tendido de la tubería, todo estaba dando forma, tardó dos años verse realizado un proyecto convertido en realidad. Estábamos en el año de 1964, llegó el día; todo el sistema del agua potable se inauguró en Septiembre del año mencionado y llenos de alegría, nos reunimos en la planta para celebrar el acontecimiento, ¡por fin teníamos agua! ¡mucha agua!... para toda la vida… ¿Cuántos años es una vida?
A 45 años de haber sido inaugurada ya nos falta el agua de la tan mencionada presa El Jihuite, nos auxiliamos con pozos perforados, el abuso en el uso de este tan apreciado líquido de nuestra parte (al cabo por eso la pago). No pensamos la que gastamos en lavar una cuchara con la llave abierta y bajo el chorro del agua, tiramos como dos litros. Así el gozo se fue al pozo (y no precisamente de agua), decimos los que tuvimos la dicha de ver la abundancia de aquellos felices años.
Esta es la historia de tan anhelada presa El Jihuite que está a medio morir. Dios nos ayude en este temporal y se recupere, mientras; colaboremos, ahorremos el agua por favor, ¿sí?, y así “festejando” los 45 años de la presa decimos que así fue Tepa en el Tiempo.


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