Altar de muertos, una tradición que se está arraigando en Zapotlanejo



Por Víctor Ontiveros Aguirre

Zapotlanejo, Jal.- En 2009, la inquietud del alcalde de aquel entonces Héctor Álvarez por llamar la atención de los habitantes de la zona metropolitana para beneficiar a nuestro municipio, nació una gran idea que era el de crear el altar de muertos más grande, no sólo de los municipios cercanos, sino del mundo. Hay algunos que quieren ser el mejor deportista. El futbolista de más goles en la temporada, el negocio con más ganancias, el galán que conquistó más chicas en el año, el primero en llegar a la luna. El primero, el mejor, el más. La superioridad es una de las búsquedas que motivan a algunos.
Desde hace algunos años el municipio de Zapotlanejo se ha impregnado de esta sed de competitividad y fue la idea de montar “el altar de muertos más grande del mundo”.
Zapotlanejo se ha caracterizado en los últimos años por la búsqueda de figurar a través de la instauración de marcas mundiales. Habría que recordar tan sólo la cadena de ropa interior femenina más larga, impuesta por la banda Espuela de Oro, o la Tostada Raspada más larga del mundo, concretada en junio del 2008. En el 2009 se  construyo el altar de muertos más grande del mundo. El objetivo fue desde un principio contribuir a que la tradición del Día de Muertos y que siga siendo un festejo de carácter nacional que promueva los valores y tradiciones de la festividad.
Los resultados en el 2009 fueron espectaculares. Luces de neón, proyecciones en láser con computadora y otros artilugios impactaron a los visitantes. La obra fue autoría de Israel Carranza, un artista experto en instalaciones monumentales que ya ha realizado en Tlaquepaque, Michoacán y Buenos Aires. En el 2010 la autoría fue del Profe Ernesto Navarro y Lo cierto es que sí fue el más grande del mundo, con una extensión de tres mil 400 metros para el altar, con decoraciones desde el ingreso al municipio.
El Día de Muertos es una celebración mexicana de carácter único en el mundo. El mexicano celebra la muerte como si se tratara de su madre o su patria. Recuerda a sus deudos a través de altares que hacen las veces de vasos comunicantes entre el más allá y el más acá. La muerte recuerda el peligro invisible y siempre acechante de la frontera ineludible, un choque de realidad que susurra al oído la precariedad y limitación de la existencia humana. Aquí a la muerte se le respeta, se le honra y venera. Y en Zapotlanejo lo hacen en dimensiones monumentales.
Ya en el 2011 y 2012, aunque la tradición continua, ha decaído en el entusiasmo y la calidad de este montaje donde las administraciones más recientes y su encargado el maestro Carlos Ramírez López, bajaron enormemente la calidad de lo que fue el altar más grande del mundo.

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