Washington.- El Titanic se hundió hace un
siglo en las heladas aguas del Atlántico Norte y se llevó consigo a 1517
personas. El casco permanece a 4000 metros de profundidad, pero la leyenda de
lo que ocurrió en aquella noche trágica navega a toda máquina y con las luces
tan encendidas como lo estaban en el buque en el momento en que se topó con el
iceberg que lo hirió de muerte.
Uno de los principales estudiosos del
naufragio, el historiador británico Tim Maltin, sugiere ahora que una
excepcional condición meteorológica -una especie de espejismo en plena noche-
hizo poco menos que imposible detectar a tiempo el iceberg asesino que lo mandó
a pique .
Los "falsos espejismos" o
"espejismos superiores" pueden producirse cuando chocan dos frentes
de aire, uno muy frío y otro muy cálido. Su resultado es una ilusión óptica que
altera la posición aparente de los objetos. "Es muy probable que los dos
tripulantes en el puesto de vigía, en lo alto del mástil, hayan estado viendo,
en realidad, un falso horizonte. Eso los habría engañado y les ocultó el
iceberg hasta que fue demasiado tarde", conjeturó Maltin.
El historiador llegó a esa conclusión
luego de haber revisado los archivos meteorológicos de la época y de haber
verificado que, en el momento del naufragio, el Titanic abandonaba la corriente
cálida del Golfo para entrar en el frente frío del Labrador. Esto explica también
la razón por la cual otros barcos tuvieran dificultad en advertir a la nave
herida o a sus víctimas, afirma Maltin, en diálogo con LA NACION.
La hipótesis de esa ceguera refiere,
especialmente, al California, el barco que estaba a pocas millas de distancia y
que, incluso, llegó a ver las desesperadas bengalas que el Titanic lanzaba al
cielo nocturno. Pero que jamás llegó a captar la emergencia que atravesaba el
lujoso transatlántico, que ya por ese entonces se encontraba bajando hasta la
superficie helada los insuficientes botes salvavidas.
"Lo que quiero explicar con todo
esto -dice Maltin- es que, en realidad, fue una combinación de factores los que
se unieron para la tragedia del Titanic. Pero que, en esencia, el último
responsable de la tragedia fue el clima. Los vigías y toda la tripulación
estaban advertidos de la presencia de icebergs, estaban entrenados para actuar
y convencidos de que podían detectarlos a tiempo desde el lugar donde estaban.
Lo que ignoraban era que estaban en presencia de un fenómeno de espejismo que
los limitaba mucho en su visión. De haberse dado cuenta de ello, habrían
disminuido la velocidad y otro hubiese sido el desenlace", asegura, en
diálogo telefónico desde Londres.
Conocido como "el detective del
Titanic", Maltin ha dedicado su vida a estudiar el naufragio y es autor de
varios libros al respecto. Su hipótesis sobre el desencadenante climático será
expuesta en un documental de National Geographic que se conocerá el lunes, a
las 21, por su canal, Nat Geo.
Maltin conoce de las teorías que hablan
de fallas en la construcción del transatlántico, pero sostiene que, en esencia,
no fueron la causa del naufragio. "El barco cumplía con todos los
requisitos de seguridad de la época", afirma. Eso incluye la concepción de
sus compartimentos estancos, criticados porque, finalmente, terminaron
inundándose unos a otros, en un fatal efecto dominó que envió el barco a pique.
Maltin sostiene que ése no fue el
desencadenante. "El barco estaba diseñado para poder navegar con dos de
esos compartimentos totalmente anegados, algo que, de por sí, era difícil que
ocurriera. En un colmo de fatalidad, el impacto con el iceberg forzó los
mamparos, algo que ya era mucho más inconcebible aún", sostiene.
Legado
El experto asegura que el principal
legado marítimo del Titanic refiere, sobre todo, a las exigencias de seguridad
para la navegación en condiciones similares a las que lo llevaron al fondo del
mar. "Desde aquella noche, las regulaciones de vigilancia para la
navegación en presencia de icebergs son mucho más estrictas y se mantienen
hasta ahora", dice Maltin.
De todos modos, insiste en que el Titanic
fue el transatlántico más seguro de su época. "Lo que no puede evitarse es
que los accidentes ocurran y hasta las tragedias de esta magnitud puedan repetirse,
como por poco no ocurre con el Costa Concordia y su naufragio en el mar
Tirreno", dice.
Contra toda expectativa, no es la
laureada película homónima la favorita de Maltin para entender el drama del
Titanic. Prefiere, en cambio, A N ight to Remember, filmada en 1958, porque,
dice, se ajusta mucho más a lo que sucedió, hace un siglo, en esa noche de la
que hoy se habla como si fuera ayer.


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