Por el padre Miguel Ángel
Una noche un hombre tuvo un sueño. Soñó que caminaba a lo largo de
una playa con El Señor. En el cielo escenas de su vida se proyectaban
rápidamente, en cada escena notaba dos huellas de pies en la arena, unas de él,
las otras del Señor.
Cuando la última escena de su vida pasó ante él, miró detrás a las
huellas en la arena. Se fijó que muchas veces a lo largo del sendero de su
vida, solamente hubo una huella, se dio cuenta que esto sucedió en los momentos
más tristes y solitarios de su vida.
Le molestó esto y le preguntó al Señor "Señor, tú dijiste que
una vez que decidí seguirte, tú caminarías conmigo, pero he notado que en los
momentos más difíciles de mi vida, hay una sola huella en la arena. Yo no
comprendo porqué cuando más te he necesitado me has dejado solo!.
El Señor le contestó: "Hijo mío, mi querido hijo, yo te amo y
nunca te he dejado. En medio de tus pruebas y sufrimientos, cuando sólo has
visto las huellas de tus pies, es solamente porque yo te he llevado en mis
brazos".
En los momentos más tristes de la vida, hay personas que sienten
mucha depresión, piensan que Dios no los escucha y se ponen a reclamarle
diciendo ¿porqué, Dios mío, me tienes tan abandonado?
Pero la causa de esa tristeza, desesperación y reclamo a Dios es
porque les falta fe.
En cambio cuando hemos estado construyendo nuestra vida espiritual
sobre la roca firme de la fe y no sobre las arenas frágiles de la
autosuficiencia y del orgullo, entonces, como dice Cristo en el Evangelio,
podrán venir tormentas y huracanes de problemas y sinsabores, sin embargo, no
perderemos la paz, porque Dios está siempre a nuestro lado y nunca nos
abandonará.
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