Inició el nuevo ciclo escolar; otra vez a levantarse temprano, desayunar apuradamente y sin hambre (pues estábamos acostumbrados a tomar el primer alimento del día después de las 9 de la mañana), prepararse rápido para salir y abordar el carro o el camión, según sea el caso y el tedioso tráfico matutino de los que van a trabajar o a llevar a sus hijos a la escuela.
En la escuela no ha cambiado nada, los mismos maestros, casi los mismos alumnos y el plantel con las mismas pinturas descarapeladas o la construcción de un nuevo salón o los baños tal como se quedaron en julio pasado, pero con la promesa de que los albañiles o los pintores ahora sí ya dijeron que van a terminar el trabajo.
La mecánica es la misma: en el primer día de clases nadie tiene clases; la jornada se va en la bienvenida a los alumnos, palabras del maestro o maestra, también palabras del director o la directora, la explicación de a cómo van a ser las cuotas escolares, más altas que en el año escolar pasado, por supuesto.
Y preguntamos para qué quieren más dinero, que para las obras de la escuela, los útiles, los libros, que esto, que lo otro. Nos quejamos con alguien de la Secretaría de la Educación y nos responden que esos cobros no son obligatorios, pero sí a discreción de la escuela y no hay nada qué hacer.
Hasta ahora, lo único que ha cambiado es el diseño de las mochilas que da el gobierno, mochilas que muchos niños reciben por segunda vez y que, como la primera que recibieron, no usarán o se la pasarán a alguien más.
O sea que, de continuar con el programa, por lo menos en este sexenio estatal, un niño recibirá hasta seis mochilas con una determinada cantidad de útiles en cada una de ellas, sin embargo, los papás igual deben caerse con una lana y comprar libros, lápices, reglas, borradores, cosas que la mochila del gobierno no tiene.
En una de ésas hasta mochila le compran al niño, a pesar de que ya le haya dado una el gobierno, “es que no le gusta, mi hijo quiere una donde salga la foto de un reggaetonero o alguien que cante narcocorridos”.
Entonces, los padres deben dar dinero a las escuelas, comprar útiles, libros y uniformes, pero los gobiernos dicen ayudar con la famosa mochila con los útiles, aunque ellos mismos aclaren que sólo es una pequeña parte de lo que el niño necesita.
En muchos casos no ayudan al niño ni a su familia con nada al darle la mochila. La intención se agradece y es bueno que el gobierno gaste los impuestos en cosas que retribuirá al pueblo, pero el programa que Aristóteles copió a Enrique Alfaro, es sólo para taparle el ojo al macho, pues un apoyo que sea más útil que la mochila, necesita de más esfuerzo de logística y estudios socioeconómicos para ver qué es lo que realmente necesita cada alumno de jardín de niños, primaria o secundaria de Jalisco.
Ojalá que con el tiempo el programa se perfeccione y sea más útil a los niños. Algo que ayude a los padres a pagar menos “cuotas voluntarias” en las escuelas me parece que sería más agradecido.
Y las clases, pues sabemos que en los primeros días de escuela prácticamente no se ve nada del programa educativo y sería difícil emitir un juicio prematuro sobre la calidad de la educación y el maestro.
Esperemos que la reforma educativa sirva de algo y que en este ciclo escolar ya se vea algún resultado en pro de la educación; que sirva de algo tanta protesta, plantón y debate en los diputados que aprobaron las nuevas leyes y los maestros que se pusieron como gatos boca arriba para rechazar las nuevas modalidades.
Precisiones de los Gallos
Rigoberto “Chachín” González Gutiérrez asegura que no es él el se anda promoviendo en las redes sociales, sino un grupo de amigos, que por iniciativa de ellos mismos, se han dedicado a impulsar al panista.
En el PRI, alguien que sí está dentro del partido y no de fuera y nomás haciendo olas para ver quién cae, dice que de la numerosa lista de priistas que quieren ser candidatos para la alcaldía de Tepa, “ya se bajó” la mayoría y sólo quedan Memo González, Luis Alfonso Martín del Campo y Rodolfo Camarena.



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