Juanito... a que sí
Juanito es un hombre bueno. De pocas luces -si por luces se entiende la inteligencia- pero un buen hombre al fin. O por lo menos eso parece, por lo que dice y hace da la impresión de ser un tipo de buena fe, inocentón, que por lo mismo creyó en el falso mesías tropical que lo hizo jurar que renunciaría al puesto de delegado en Ixtapalapa una vez que ganara la elección pero... para cualquier ser humano -por más buena gente que sea- resulta más atractivo el billete que la redención y Juanito le está complicando las cosas a López Obrador y a Clara Brugada, tanto que no los deja dormir con la preocupación de que pudiera decirle su mamá que siempre no.
Se llama en realidad Rafael Acosta Angeles, pero le dicen Juanito desde hace 27 años cuando sus hijos eran pequeños -dice-, tenían seis o siete años y formó un equipo de fútbol en el que de los 15 niños que lo integraban 11 llevaban el nombre de Juan, así que fue el equipo de los Juanitos.
Ha sido de todo, actor de ficheras, desnudista, luchador, madreador profesional y comerciante ambulante, según le contó en entrevista al Diario Milenio. Por lo mismo ya se cansó y cree que las marchas en que ha participado, las golpizas que ha recibido y los policías que ha noqueado le dan derecho a que, por fin, le haga justicia la revolución permitiéndole gobernar una delegación del DF que tiene más habitantes que muchas ciudades capitales de los estados (y por lo tanto mayor presupuesto).
Andrés Manuel López Obrador lo escogió como pelele para que ganara la elección de delegado en Ixtapalapa luego de que el tribunal electoral le quitara la candidatura a Clara Brugada, allegándole votos por su liderazgo (del Peje) al Partido del Trabajo que escogió a Juanito como su abanderado, pero antes lo hizo prometer en público, jurar, que luego de ganar renunciaría para que el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard propusiera a la Asamblea Legislativa que lo substituyera Brugada. Todo el lío que provocó la división del PRD en Ixtapalapa lo resolvió Andrés Manuel así, dándole órdenes al mismo tiempo a Juanito, a Marcelo Ebrard y a la ALDF.
Pero todavía no ganaba Juanito la elección. Ahora es diferente, legalmente es el delegado electo y ya se siente con los méritos y popularidad suficientes como para ser no sólo eso, sino jefe de gobierno del Distrito Federal y después, por qué no, candidato a la Presidencia de la República. Eso por una parte, ya no es un don nadie, está en posibilidades de negociar con ventaja; porque además, ni Marcelo Ebrard quiere aparecer recibiendo y acatando órdenes de López Obrador, ni tiene éste mayoría en la Asamblea Legislativa como para que sea aprobada la propuesta de Clara Brugada. Y Juanito lo sabe...
Por eso pone condiciones, varias. No dice que no va a renunciar, asegura que cumplirá su palabra, pero... Si Ebrard no propone a Brugada, se queda Él como delegado; si la propone y no es aprobada la propuesta (porque los diputados incondicionales del Peje no son mayoría), se queda Él como delegado; si no firma Clara Brugada el compromiso de cumplir los compromisos que hizo Juanito con los votantes durante la campaña, se queda Él como delegado; si no entrega Clara la mitad de los cargos de gobierno en Ixtapalapa a la gente del PT, se queda Él como delegado.
Y en el último de los casos, dice Juanito que quiere cobrar por lo menos la primera quincena, de la cual asegura que aportará la mitad para hacerles mejoras a algunos jardines de niños.
Por eso me parece que se trata de un hombre bueno, que aun sabiendo que tiene totalmente la sartén por el mango insiste en que cumplirá su palabra de renunciar y quiere cooperar para la educación de pequeños cuyos planteles conoce y sabe que necesitan mejoras urgentes. Pero, bien asesorado por las autoridades actuales de Ixtapalapa tanto como por el gobierno del Distrito federal, les está haciendo ver su suerte a los pejistas de Clara Brugada, que están muy nerviosos ante la posibilidad de que no le deje el cargo a ésta y han amenazado -dice- hasta con matarlo.
De la oficina de Marcelo Ebrard salió una propuesta, que tome posesión del cargo Juanito, que nombre a Clara Brugada su segunda de a bordo, y que a continuación pida licencias temporales (una tras de otra) para separarse del cargo, con el fin de que sea la Brugada la que gobierne. Esto para evitar que la Asamblea Legislativa rechace la propuesta de la substitución definitiva (ese es el argumento) y de paso no quedaría el Jefe de Gobierno como títere de López Obrador.
Juanito está de acuerdo, pero pedirá la primera licencia cuando él quiera y por el tiempo que quiera, y si considera que la Brugada no está gobernando bien se lo pensará dos veces antes de pedir la segunda licencia temporal.
Los tiene contra la pared y no le importa incluso que esto le cueste la vida, ya le mataron a un hijo por andar de luchador social y no les tiene miedo ni a Brugada ni al Peje, a éste le tiene respeto, veneración, lo idolatra, pero no le teme.
Varias veces -dice- ha estado en el hospital, "el Estado Mayor Presidencial me golpeó cuando me metí al Palacio Nacional hace dos años y le empecé a mentar la madre a Felipe Calderón, estuve hospitalizado en el Rubén Leñero, tuve daños en el riñón que me provocaron un tumor por los golpes, y llevo dos infartos debido a eso.
Ya tuve un atentado en mi contra hace seis años, el 26 de julio de 2003, a las 3 y media de la mañana llegando a la casa me recibieron a balazos, y a raíz de eso falleció mi hijo de 23 años, le metieron un balazo en la cabeza".
Por eso no lo asustan, ¿qué más le pueden hacer?. Por eso le dijo esta semana a Clara Brugada que amarre a sus perros rabiosos, que dejen de estarlo jodiendo, insultando y amenazando, que se tranquilicen porque cumplirá su palabra.
Sí, pero con todas las condiciones antes enumeradas. Cómo me gustaría ver la cara del mesías tropical cuando finalmente anuncie Juanito que no va a renunciar...


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