Tepatitlán en el tiempo

La casa del Pozo del Monte

Por Juan Flores García, jofloreso@prodigy.net.mx

Hace muchos años, tantos como nuestra memoria recuerda, existió una casa que bien pudo ser como una hacienda; ese lugar está ya en ruinas, allá por el rumbo de Los Viveros.

Para llegar a ella había camino por un monte de robles y otras variedades de árboles. Como una aventura caminábamos a pie por ese camino para recrear nuestro gusto sin preocupación alguna. Nos hacíamos cruces, cuando éramos pequeños, pensando cómo Dios hizo ese lugar tan bonito que tantos años duró para provecho de los pobladores de aquel pequeño pueblo que era el Tepa de hace cuando menos sesenta o setenta años.

Todo lo que veíamos era hermoso y aquellos enormes árboles nos daban su sombra, además de que hacíamos uso de ellos, para con sus ramas hacer leña para cocinar, o vigas para ponerlas sobre la pared para sostener la bóveda que servía de techo en las casas y tejabanes que se usaban para caballerizas.

Recuerdo que con gusto nos llevábamos unos lazos que usábamos para traer un tercio de leña para la casa, propiamente no era leña como la que traían los leñeros, eran barañas que podíamos cortar con las manos. Estos terrenos estaban lejos del pueblo, en la orilla, y todo era dejar la flojera para caminar y caminar, pues Tepa ya lo hemos dicho antes, llegaba hasta la calle que hoy conocemos como H. Garza, hasta ahí había las últimas casas, por los años setenta se fue estirando tanto como hoy la conocemos. Así, para llegar a esa perdida casa de campo que llamábamos la casa del Pozo del Monte hacíamos ese recorrido tan largo.

Por ese entonces los terrenos eran de varios dueños que lindaban con esa casa, según sabemos gran parte era de Don Jacinto González, don Chinto, aquel famoso hombre que con su ocurrencia traía una especie de báculo del que colgaban listones de colores y pegadas a ellos estampas de santos, visitaba mucho la parroquia de San Francisco, platicando con San José.

Otro de los colindantes era el doctor Jesús Ramírez Villaseñor, el Chachi, donde fue sembradío de mezcalillo. El lugar donde está la planta purificadora de agua potable y Los Viveros eran de Don Magdaleno Peña, una parte de su tierra la vendió a Francisco Romero, precisamente donde estaba la casa antigua del Pozo del Monte que menciono. En esta casa hubo varios medieros que ahí vivían, entre ellos recordamos a Gregorio Castellanos y a un señor José Navarro.

Al parecer una parte de este terreno fue vendida por Francisco Romero a don Ubaldo de quien ignoro el apellido y al faltar él, su esposa e hijos fraccionaron y cedieron terreno para hacer un templo que como siempre, se construye con la ayuda de los fieles y de algunas personas que con muy buena voluntad aportan un poco más.

Gracias al trabajo y esfuerzo de cuatro damas que realizaron una labor muy importante pidiendo la cooperación monetaria y hasta recolectando materiales para reciclar que luego vendían para sacar fondos y terminar esta gran obra, que estuvo a cargo del padre Beto de la parroquia de la Sagrada Familia, quien desde que recibió el encargo de construir el templo, puso todo su amor y empeño en ese quehacer. Estas damas que tan incansablemente trabajaron unidas, son la señora Petra Pérez viuda de Romero, su hermana Chuy y sus hijas María e Irma Antonia a quienes también ayudó su hermano Juan Francisco Romero.

No cabe duda que ya por el lado que caminemos, ya no es el pequeño Tepa que conocimos, cada que pasamos por aquellos antiguos lugares encontramos cosas que ya no tienen el atractivo que tenían en su tiempo, todo ha sido borrado por el crecimiento de la población, con calles que partieron el corazón de esas tierras que gozaron de amplitud. Los árboles han desaparecido y en su lugar se fincaron casas, para dar alojo a familias que a lo largo del tiempo las han ocupado para establecer su hogar. Menos mal que en ese lugar que son Los Viveros, desde que se instaló la planta potabilizadora de agua, su gran arboleda luce altanera y a la vez acogedora, para disfrutar su sombra y frescura. Y con esto decimos que así fue Tepa en el tiempo.



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