¿Dónde están las banderas?

¿Dónde aquellas causas por
las que muchos dieron su vida?

Por Oscar Maldonado Villalpando

Desde que muchos, por sus obtusos intereses, tocaron la historia y  cambiaron las intenciones por los hechos, que interpretaron esto y lo otro, en parte caminamos sin horizontes seguros.  
Nos quedan fuertes impulsos que nos inclinan a volver, a tener cariño por el pueblo, a volver, a recordar. Repasar esos hechos nos puede aclarar la mirada y el juicio sobre el itinerario y destino de nuestra vida.
Los mayores, cuando se van para siempre, parecen ir recogiendo el lienzo donde se plasma toda una época.
Con el agua encima, se agolpa un mundo de cosas que hay que guardar, cerrar, quitar, cosas que se agolpan en el corazón, asuntos que se recuerdan. Corriendo para escapar de la tormenta y recoger tantas cosas porque el agua está encima.

Los tiempos de la Cristera
y San Diego de Alejandría


Se llegó la hora para todo el pueblo. Como toda la gente estaba comprometida en la causa de la libertad religiosa, el gobierno ideó la “Reconcentración” para socavar y debilitar a la tropa cristera. Todos los habitantes de los ranchos y del pueblo deberían salir al destierro. Jalisco era la tierra proscrita, sus labores, sus ganados.
¡Qué medida más hiriente, más ofensiva y cruel contra el propio pueblo! Quien la vivió dolorosamente la comentaba como algo que marcó tristemente su vida. Los de San Diego de Alejandría deberían salir de Jalisco, para irse, pedir posada, hacer gastos, ocupar suburbios en los poblados cercanos de Guanajuato. Purísima y San Francisco del Rincón o León. Esto sucedió los últimos días de marzo de 1927.

Y los versos del pueblo capturan aquella tragedia.

Unos cargaban sus burros,
otros cargaban sus machos,
otros llevaban huacales
con cuatro o cinco muchachos.

Los camiones por los campos,
los arrieros por los cerros
levantando a las familias
que con ansias los esperan.

Los caminos de San Pedro,
Arandas y los Chiqueros,
por ese plan del cañón
que no dejaban ni perros.

Solas quedan las haciendas,
los ranchos ¡ay que dolor!
dejan las puertas abiertas
por una orden superior.

En Purísima se dice
que causaba admiración
ver bajar por la calzada
tan grande aglomeración.

Unos seguían por los lienzos,
otros ponían sus manteados,
otros en los muladares
a la inclemencia tirados.

Los que prendieron la mecha,
hombres de resolución,
se pelan al extranjero
en busca de salvación.

Cuando llegaban al Paso,
no hallando seguridad,
sacaban sus pasaportes
y a Chicago iban a dar.

El que tenía capital
hasta el norte se pelaba,
los que no tuvimos lana
sacamos el chivo al agua.

Madre mía de Guadalupe,
Patrona de la Nación,
líbranos, Madre querida,
de otra reconcentración.

Adiós todos mis amigos,
ya me voy pa' la frontera,
ay? Volveré cuando pase

la Revolución Cristera.

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